La paz se teje con valores y emociones en un colegio de San Cristóbal

Les presentamos el perfil del colegio José Félix Restrepo, una institucion educativa en Bogotá que la semana pasada recibió el premio “Constructores de país en ambientes escolares”, una iniciativa de Colombia2020 y sus aliados.

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El mayor conocimiento que transmite la institución educativa de San Cristóbal a sus estudiantes es a través del río Fucha. / Cortesía
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“¿Con qué ave se identifican y por qué?”, pregunta la profesora Ana Lucero a sus estudiantes en el Festival de las Aves, una actividad del colegio José Félix Restrepo. Al invitar a cada niño a pensar con qué ave se identificarían, simultáneamente se trabaja en el reconocimiento de sí mismos y de su entorno, y el resultado siempre es encantador: “Los niños se identifican con todos los pájaros, pero eso sí, aparecen muchas palomas de la paz”, dice la profesora Ana.

Construir una paz que sólo conduzca a silenciar las armas es condenar el proceso al fracaso, afirmó el Fondo Internacional de Emergencia de Unicef en su publicación El rol de la educación en la construcción de paz (2011). Para lograr una paz estable y duradera se requiere de cambios estructurales profundos, y la educación, especialmente la básica primaria y secundaria, es la herramienta que acompaña la transformación social, política y económica que se requiere para una paz real.

El colegio José Félix Restrepo está ubicado en la localidad de San Cristóbal, en el sur de Bogotá. A través de las redes sociales se enteraron de la convocatoria del premio Constructores de País en Ambientes Educativos y se presentaron con el proyecto “Tejiendo, tejiendo, mis valores voy construyendo”. La iniciativa, a la que dieron comienzo hace tres años, incluye cinco proyectos que, para esta convocatoria, se articularon en uno solo. Cada componente se relaciona con las diferentes áreas de conocimiento, como lo ambiental, social, social-ancestral, enfoque de valores y de las emociones.

El proyecto está encaminado en la formación de la ciudadanía para la paz a través de la autorreflexión, porque, al hacerlo, los estudiantes se reconocen como ciudadanos que habitan un lugar con un contexto ambiental, social, ético y cultural, y además se apoderan de sus derechos y de las responsabilidades que deben ser asumidas por una sociedad que vive en paz.

La Universidad Javeriana estuvo a cargo de la dirección técnica de la convocatoria del premio, por lo que, luego de detallar las propuestas, consideró que la iniciativa docente presentada por Ana Lucero Silva, María Elena Triana, Hammes Garavito, Adonay Ospina, Sandra Chaparro y Javier Mora, profesores del colegio José Félix Restrepo, demostraba una implementación exitosa para la construcción de un nuevo país y, por ende, le otorgó el premio para la categoría Iniciativa Docente.

Hay un rasgo particular que hace especial e innovador este proyecto, y es que vincula el rol de las emociones en la construcción de paz. Un ejemplo es la actividad “Cartografía de las emociones”. El profesor Javier Mora comenzó a trabajar con “Los chicos de la barriada” para reconocer cuáles son los territorios con conflictos e identificó las barreras invisibles dentro de la localidad. Esto es muy importante porque al colegio asisten niños del barrio El Velódromo, donde está el colegio, pero también hay estudiantes del resto de barrios de la localidad 4 de Bogotá.

En esta apuesta para la construcción de paz desde el reconocimiento y la apropiación del territorio es fundamental tener en cuenta que “el colegio está ubicado en una zona muy interesante porque lo rodean Las Cruces, San Blas, San Cristóbal Sur, 20 de Julio, el río Fucha, los cerros orientales y la Reserva Forestal El Delirio. Los chicos no sienten pertenencia por el espacio y más bien desconfían de él”, dice Javier Mora. Por esta razón la cartografía de las emociones estudia el espacio local: las cinco Unidades de Planificación Zonal (UPZ) y los cientos de barrios que conforman San Cristóbal. Sin embargo, el análisis no es desde el ordenamiento territorial, sino desde las emociones.

El enfoque ambiental y holístico permitió vincular a un actor externo al colegio: Hammid Martínez, músico y gestor ambiental, quien desde finales del 2011 organiza eventos dirigidos a la recuperación del río Fucha y diseñó el servicio social ambiental con los estudiantes del colegio. Hoy tienen una corporación ambiental a través de la cual formularon una metodología que han denominado “Reconexión natural”, una apuesta para transformar la pedagogía. “Se trata de meterle más la parte afectiva que la competitiva. De crear una cadena de amor para que la gente se apodere de su territorio de una manera real, amorosa y consciente”, dice Martínez.

Con “Tejiendo saberes”, los jóvenes conocen su localidad, su ciudad y la multiplicidad de culturas que existen en la capital de una nación que se define pluriétnica y multicultural. La profesora Sandra Chaparro ha sido una promotora en la divulgación de este principio constitucional en las aulas del colegio y ha invitado a representantes de las comunidades misak, ticuna, kogui y arhuaca para que compartan sus conocimientos ancestrales con los estudiantes.

Las experiencias de los grupos indígenas han sido fundamentales en el desarrollo del proyecto porque les han enseñado la importancia de mantenerse unidos alrededor de su territorio: alrededor del barrio, del parque zonal, de la cuadra y del vecino, pero, principalmente pegados al recurso hídrico de Bogotá: el río Fucha. El área donde nace el río no está contaminada, pero lastimosamente el resto sí. Los procesos de urbanización sin control que se adelantaron hace más de 30 años utilizaron el Fucha como un alcantarillado. El afluente atraviesa las localidad de San Cristóbal, Antonio Nariño, Puente Aranda, Kennedy y Fontibón y, a pesar de sus problemas ambientales, investigadores del Jardín Botánico de Bogotá encontraron que en los riachuelos que alimentan al río hay 67 especies, 1.464 individuos y 24 familias de aves. Sin duda, la cuenca del Fucha tiene el potencial para convertirse en un territorio de paz.