Las mujeres participarán como símbolo contra la violencia

La gran oración por la reconciliación en Villavicencio

Con su discurso de hoy, el papa Francisco espera enviar un mensaje claro a cerca de 7.000 víctimas en Villavicencio, sobre la importancia del perdón en el camino para alcanzar la paz.

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Apróximadamente 400 niños y un grupo de indígenas estarán esperando al papa Francisco en el Parque los Fundadores, en Villavicencio.
EFE

El “Encuentro por la reconciliación”, que tendrá lugar en el parque Las Malocas de Villavicencio, es para muchos el evento más trascendental al que asistirá el papa Francisco en su visita a Colombia. Pero, sin duda, también será un cara a cara de historias en el que víctimas y victimarios volverán a encontrarse luego de mirarse con odio. (Vea el especial sobre la visita del papa Francisco aquí)

Una de ellas es Luz Ángela Giraldo Serrato, quien siendo de la comunidad cristiana evangélica no duda en decir que la presencia del obispo de Roma en este encuentro podrá ayudar a sanar heridas con su mensaje y la influencia que tiene su cargo.

“Soy cristiana, pero reconozco que la labor de Francisco es importante, porque el mensaje de Dios debe ser enviado a todo el mundo y él cumple su labor. El perdón que todos debemos dar no es católico, evangélico o judío, sino un principio universal que todos debemos tener y otorgar, porque es un don de Dios”, dice Luz Ángela, quien hoy preside la Asociación de Mujeres Víctimas del Conflicto en Villavicencio.

Aunque ahora habla con facilidad del perdón, ella misma acepta que no es fácil, pues en su caso las Farc cambiaron su futuro. Cuando vivía en Guaviare, recuerda que en estado de embarazo la obligaban a asistir a las jornadas de trabajo comunitario. Un día, por no pagar la vacuna que exigían, asesinaron a su padrastro y a su hermano. (Puede leer: "Monseñor Jesús Emilio Jaramillo: el beato por el que el Eln pide perdón")

“Mi familia quedó en la ruina. Yo, que apenas empezaba a estudiar en la universidad, tuve que suspender el semestre y acabar con las ilusiones de tener una carrera. Cuando quisimos volver, en 2004, nos encontramos que la tierra, al igual que el ganado y los galpones, tenía otros dueños”, cuenta Luz Ángela.

La distribuidora de víveres que su mamá había levantado con esfuerzo desapareció, además, quedaron con una deuda de $100 millones. Ahora estaban en la miseria, endeudados y desplazados. El odio y el rencor que podría tener en su corazón, dice, sólo fueron restaurados con Dios y la Biblia, pero admite que ese proceso de sanación sólo se da desde cada uno. Pero dentro de las casi 7.000 víctimas que asistan a este encuentro, donde el sumo pontífice tiene previsto hacer una gran oración por la reconciliación, también están quienes portaron las armas y causaron desplazamientos y asesinatos.

“Me reclutaron normalmente, como cuando tenía 15 años. Patrullaba y hacía lo que me pusieran. Combatí y di plomo, pero no sé si en todo eso me llevé por delante a más de uno. Cobraba vacuna, apretaba cuando tenía que apretar. Eso es algo que le queda a uno y es difícil de olvidar”, explica Jeison, quien perteneció al frente 53 de las Farc.

Al joven hay que arrancarle de la boca cada frase. Es del Ariari (sur de Meta) y se nota su origen campesino. Su timidez no le permite hablar de corrido y musita sólo las frases necesarias para hacerse entender. Perteneció a ese frente, que por años fue tristemente célebre por extorsionar a cuanto campesino podía. Es católico y cuando estaba en el monte se persignaba y rezaba el Padrenuestro antes de iniciar los patrullajes.

Hace seis años se acogió al programa de reintegración del Gobierno y, aunque no lo demuestra, deja entrever que le entusiasma la posibilidad de ver al papa más cerca, por lo que pidió permiso en la finca donde hoy trabaja. (Lea también: "No se dejen engañar": el primer paso de Francisco en Colombia)

Él forma parte de las 200 personas en proceso de reintegración que buscarán en el evento saludar al sumo pontífice. Decidió dejar las armas con la Agencia Colombiana para la Reintegración (ahora Agencia para la Reincorporación y la Normalización -ARN-).

Una ciudad con las dos caras

Estas historias con diferentes dolores confluirán en el recinto ferial que fue acondicionado cerca del sitio donde en la mañana Francisco dará la misa campal. “Será el escenario de la gran oración por la paz, apelando a la reconciliación, a mirar al otro como hermano. En este marco, dar el primer paso significa reconocer el sufrimiento de otros. Perdonar a quienes nos han herido, volvernos a encontrar como colombianos, entender el dolor de los que han sufrido, sanar el corazón, descubrir el país que se esconde detrás de las montañas y construir uno en paz”, dice monseñor Fabio Suescún Mutis, director del comité ejecutivo de la visita apostólica, en un mensaje.

Por ello, la capital de Meta fue escogida para este encuentro. En esta ciudad convergieron víctimas y victimarios a veces en el mismo barrio. “Villavicencio es una ciudad que recibe más del 67 % de la población víctima del departamento de Meta, es decir, que de las 240.000 víctimas que tiene esta región, la ciudad alberga 146t.000 personas que requieren atención prioritaria.

“La ciudad era referente de guerra y de conflicto, esperamos que en verdad este encuentro sirva para el perdón y que Villavicencio sea la semilla para que las personas sientan la paz. Que todos trabajemos por las víctimas y por los victimarios, porque ellos también sufrieron un proceso de dolor que debe sanar”, sostiene la directora de la Unidad de Víctimas. Sin embargo, no todo será sencillo. Vilma Gutiérrez, del Movimiento de Crímenes de Estado en Meta, y otras representantes de víctimas, se han quejado por la falta de atención que tiene esta población y la demora en resolver situaciones urgentes en atención en salud, educación y vivienda.

La mancha naranja

Quienes también llamarán al perdón serán las víctimas de la violencia. Más de 5.000 mujeres se vestirán de naranja para salir al paso de la ruta del papamóvil y poner en el discurso de Francisco el rechazo a todo tipo de violencia de género. En el mundo, una de cada tres mujeres ha sufrido algún tipo de violencia a lo largo de su vida. El lugar más inseguro para las mujeres son sus hogares y las personas de mayor riesgo de violencia para ellas, sus parejas. En Colombia, cada día se presentan 88 casos de violencia de pareja contra las mujeres en el hogar. Cuatro mujeres cada hora sufrirán algún tipo de maltrato en el espacio en el que se deberían sentir más seguras.

El departamento de Meta no es la excepción: la tasa de violencia de pareja fue 56 % mayor al promedio nacional. De cada cinco casos de violencia contra las mujeres en Meta, cuatro tienen lugar aquí, en Villavicencio.

“La violencia contra las mujeres se ha convertido en una práctica que se normaliza ampliamente a través de los discursos, prácticas y estereotipos culturales arraigados en los ámbitos públicos y privados. Por ejemplo, según datos de una encuesta que realizó la Consejería de la Presidencia para la Equidad de la Mujer, con apoyo de ONU Mujeres en 2014 en todo el país, cerca de la mitad de metenses considera que una mujer que se viste de forma provocativa se expone a que la agredan sexualmente”, dice Belén Sanz Luque, representante de ONU Mujeres en Colombia e impulsadora de esta iniciativa que se llevará a cabo en Villavicencio.

En su concepto, para una sociedad tradicionalmente machista como la llanera, se hace necesaria la articulación entre el Estado y la ciudadanía para la transformación cultural. “A los hombres, la necesidad de eliminar comportamientos machistas, respetar la dignidad de las mujeres y aportar en la construcción de relaciones equitativas y justas. Un hombre que verdaderamente ama y respeta a su compañera, nunca será violento con ella”.