Balance político de la visita del pontífice al país

La Colombia que dejó el papa Francisco

A pesar de que se dijo que el viaje del papa a Colombia no era político, sus palabras tuvieron un fuerte efecto en el escenario público. 

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¿Fue política o pastoral la visita del papa Francisco a Colombia? Cada sector saca sus propias conclusiones.
EFE

Cuando el papa Francisco emprendió su viaje de regreso al Vaticano, dejó tras de sí la descripción completa de los males que aquejan a Colombia. Los calificó de “tinieblas” y habló de la injusticia y de la inequidad social; de la corrupción que, para favorecer los intereses de particulares, “consume de manera egoísta y desaforada lo que está destinado para el bienestar de todos”; reprochó el irrespeto por la vida y la sed de odio y de venganza entre quienes no han sabido perdonar. Sin embargo, también cuestionó la insensibilidad con la que son tratadas las víctimas de tantos años de guerra y que siguen viviendo en su condición de excluidas. 

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Por eso, la pregunta obligada que surge luego de la partida de Jorge Mario Bergoglio, máximo representante de la Iglesia católica, es: ¿Qué dejó su visita en el país? ¿Cambió en algo la Colombia a la que llegó el pontífice? La realidad demuestra que los mensajes alrededor de la reconciliación aún siguen siendo reflexiones para la posterioridad frente a una nación que debe comenzar por reconstruirse. “Andar el camino lleva su tiempo. Es a largo plazo”, dijo Francisco la semana pasada, ante la evidencia de que visitaba un país absolutamente polarizado. Y, curiosamente, dividido alrededor de uno de los temas que mayor unidad debieran generar: la paz.

Mirar el espejo retrovisor se convierte, entonces, en la tarea inmediata luego del histórico primer paso que dejó el sucesor de Pedro en tierra sudamericana. Diana Sofía Giraldo, directora de Víctimas Visibles, advierte que los mensajes que trajo el papa tienen que trascender la polarización y la politización. “Estamos trabajando en la reconciliación de víctimas y victimarios arrepentidos, porque de ninguna manera le vamos a echar leña al fuego de la polarización”, señala. Fue enfática en que la alegría que dejó la visita del papa no puede ser opacada por los intereses electorales y sólo puede ser leída desde la enseñanza personal y espiritual.

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Por su parte, Humberto de la Calle, exjefe negociador de paz en los diálogos con las Farc en Cuba, dijo que si bien el mensaje que trajo el papa Francisco era netamente pastoral como representante del catolicismo en el mundo, “comprende que se ha terminado un conflicto y que esa era la decisión correcta para los colombianos”. Por eso, desde su perspectiva, la paz que intentó interiorizar el papa en Colombia “es una paz espiritual y, en ese sentido, confío en que contribuya a bajar las pasiones, a eliminar el odio y a dar los pasos que el país necesita para sanarse, después de un conflicto de más de 50 años”.

Pero esa postura no coincide con las voces que alentaron a algunos sectores a salir a las calles para promover el No en las urnas, en el plebiscito de octubre del año pasado. Es el caso del expresidente Andrés Pastrana quien, en diálogo con este diario, afirmó que la visita del papa no logró reconciliar las posturas enfrentadas por el Acuerdo de Paz. “No se logró, precisamente, por la politización que quiso hacer el Gobierno, porque no es cierto, como lo dijo el vicepresidente Óscar Naranjo, que él vino a respaldar el Acuerdo”, afirmó. De hecho, Pastrana consideró “curioso” que durante su paso por Colombia, el papa haya decidido no reunirse con representantes del nuevo partido político de las Farc. “Eso significa que el papa, en su mensaje, dice que no hay confianza en la contraparte”, apuntó el exmandatario.

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Pero para De la Calle, “Francisco no necesita intérpretes” y su mensaje es global. Es decir, desde su perspectiva, lo importante es que haya quedado claro el mensaje de que Colombia tiene que seguir trabajando por la reconciliación. Y Diana Sofía Giraldo reflexiona: “El papa fue muy claro en que una paz sin reconciliación es un fracaso. Nos dejó enseñanzas sabias como que el perdón de las víctimas no implica la renuncia a sus derechos. En conclusión, creo que lo que hizo fue empoderarnos individual y colectivamente para que cada uno se pregunte cómo puede contribuir a la reconciliación entre los colombianos”.

Por eso, el camino aún es largo. El papa vino a hablar de su defendida cultura del encuentro. La misma que exige trascender las diferencias para comprender, en palabras del sumo pontífice, que “todos somos parte de algo grande que nos une y nos trasciende”, y que para lograr una paz estable y duradera, más allá de los acuerdos políticos con uno u otro grupo, se necesita “desatar los nudos de la violencia, desenredar la compleja madeja de los desencuentros y, en definitiva, construir la paz hablando no con la lengua, sino con manos y obras”.