Hay que hacer un SOS nacional por Tumaco: Camilo Romero

El gobernador de Nariño no duda en criticar la erradicación forzada y en afirmar que lleva a una confrontación entre los más humildes. Dice que en varias regiones del departamento hay miedo por la posible llegada de grupos armados a las zonas que hasta hace poco controlaron las Farc.

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La administración de Camilo Romero inició el 1 de enero de 2016.
Mauricio Alvarado

Este 29 de marzo desde la cuenta de Twitter de la Coordinadora Nacional de Cultivadores de Coca, Amapola y Marihuana (Coccam) denunciaron que un campesino de Tumaco (Nariño) perdió un ojo tras enfrentamientos con el Escuadrón Móvil Anti Disturbios (Esmad).

El conflicto entre cultivadores de coca de la región y las fuerzas estatales ha venido escalando en los últimos meses. El pasado 23 de febrero la carretera entre Tumaco y Pasto fue bloqueada debido a la entrada de erradicadores de coca del Ejército.

Las cifras de cultivos de uso ilícito en Tumaco son preocupantes. En el 2015, según datos de la Oficina de las Naciones Unidas contra la droga y el delito, ese municipio costero era, de lejos, el de mayor número de hectáreas sembradas con 16.960. Lo seguía Puerto Asís (Putumayo) con 6.052. Eso quiere decir que el 18% del total nacional de cultivos de coca se encontraba en Tumaco.

El panorama departamental de Nariño no es mejor. Desde 2008 es el departamento con mayor presencia de cultivos de coca en el país. Además, como lo documentó Colombia2020, en municipios como Leiva los campesinos están volviendo a sembrar coca luego de desilusionarse con programas de sustitución voluntaria, como el Sí se puede (impulsado por la Gobernación de Antonio Navarro).

En entrevista el actual gobernador de Nariño, Camilo Romero, expresa una posición firme frente a los intentos de erradicación por parte de la fuerza pública en Tumaco y tiene una versión distinta a la del ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, quien en declaraciones a la BBC dijo la “batalla por la ocupación de territorios que dejaron las Farc la ganamos ya”.

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¿Por qué la gente está volviendo a sembrar coca en Nariño?

Nariño es el único departamento que ha tenido políticas de sustitución de cultivos. El Gobierno nacional solo ha tenido políticas de fumigación y de erradicación de cultivos de uso ilícito, pero de sustitución apenas se va a implementar. En materia de sustitución Antonio Navarro lo intentó con recursos de la cooperación internacional a través del programa Sí se puede. Lo que rescato de esa experiencia es la voluntad y la decisión de entender una lógica que es la lógica de la vida. La sustitución de cultivos nos muestra que hay una lógica de la vida por encima de la fumigación y la erradicación que son lógicas de la muerte.

¿Qué piensa entonces sobre la fumigación?

La fumigación es contra el ambiente y contra la vida. Es una herramienta para reducir los cultivos ilícitos en el escritorio y no en el territorio, porque en el territorio cuando fumigan en un lugar la gente se desplaza a otro lugar donde no estén fumigando para volver a sembrar. No se acaba el problema, se traslada. En el escritorio va a volver a aparecer que hay más cultivos a pesar de las fumigaciones porque no resuelve un problema de fondo que es entender que ahí hay seres humanos y familias.

¿Cómo es ese drama humano?

La erradicación nos lleva a una confrontación entre los más humildes: soldados y policías contra campesinos, indígenas y afros. En el caso de Nariño eso nos costó un muerto el año pasado en El Tablón de Gómez.

El gobierno departamental de Nariño tiene una posición clara: Vamos con sustitución de cultivos porque es lo que nos permite reconocer a la comunidad. Ese es un debate nacional. Lo que puedo decir es que si no se dio continuidad al Sí se puede es porque no era un tema de política pública nacional. Esto fue un invento departamental con cooperación internacional, no con recursos del Gobierno, para intentar esa sustitución. Hoy el acuerdo de paz entre el Gobierno y las Farc nos brinda la posibilidad de una política pública en la sustitución de cultivos ilícitos en el país.

¿Hay problemas con la viabilidad de programas como el Sí se puede?

Fue un Gobierno, el de Antonio Navarro, que consiguió recursos de cooperación internacional y cuando se acaban esos recursos pasan estas cosas. Ahora la política pública del Gobierno Nacional es lo que se pactó en La Habana con las Farc y eso es lo que nosotros queremos que se aplique en todo el territorio departamental.  

¿En qué va esa implementación?

Ya hemos conversado con el Gobierno Nacional de una inversión para Nariño de más de $700 mil millones de pesos. Estamos apenas en la tarea de configurar una política pública en materia de sustitución. El 16 de marzo del año pasado en un consejo de seguridad con Juan Manuel Santos hablamos del problema de cultivos ilícitos. Le dijimos al presidente que la paz en Nariño se construye si dejamos al departamento libre de coca y de minería ilegal. Podemos hacer la paz con las Farc y con el Eln, pero mientras existan cultivos ilícitos y minería ilegal habrá combustible para cualquier guerra.

¿Se le ha hecho seguimiento a los programas de sustitución de cultivos de administraciones pasadas?

Lo que se tiene es un balance, tenemos un convenio con la Federación Nacional de Departamentos que debe dejar como resultado recoger esa historia. Estamos recogiendo la experiencia, mirando lo que se avanzó y aportó desde esos escenarios. Para mí lo fundamental es la lógica: sí es posible pensar en la gente y en que haya la viabilidad de la sustitución de cultivos.

La gente está asustada con la erradicación forzada de las matas de coca...

De las tres estrategias la que vale para nosotros la pena es la sustitución. Así es como de verdad construimos paz territorial, un término muy osado, pero que hay que ponerlo en práctica. Para mí paz territorial significa oportunidades para la gente en los territorios golpeados por el conflicto.

Pero, por ejemplo,  ¿qué está pasando en Tumaco?

Lo que pasó con el bloqueo de la vía que comunica a Tumaco con Pasto fue que la comunidad dijo que les estaban erradicando la coca y salieron a la carretera a protestar para que los incluyeran en los programas de sustitución, pero esa es una decisión del gobierno nacional. Yo soy un convidado de piedra.

Por el otro lado la fuerza pública, por orden nacional, erradica y hay confrontación. Yo me pongo en la mitad, soy un sándwich, y le hago un llamado tanto al gobierno como a las comunidades. Logré un acuerdo para el desbloqueo de la vía juntando a las dos partes en Tumaco el cuatro de marzo. Esa es mi posibilidad de diálogo y concertación. No está en mis manos meter a las familias en los programas de sustitución y que el Ejército pare la erradicación, esas son órdenes nacionales.

¿Qué se les está ofreciendo a cambio de sustituir?

La implementación del punto cuatro del acuerdo entre el Gobierno y las Farc.

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Otra preocupación de las comunidades en Nariño es que ante la salida de las Farc queden unos vacíos de poder que quieran llenar otros actores ¿Qué estrategias tiene la Gobernación para evitarlo?

La Fuerza Pública es de orden nacional. He pedido en todos los eventos, escenarios y tonos que cada espacio que dejen las Farc sea copado por la Fuerza Pública. Ese debe ser el primer paso, pero no el único. Después debe haber presencia institucional del Estado en el territorio.

¿Y las preocupaciones concretas de esos vacíos en el territorio?

Lo que me señala es muy parecido a lo que pasó en la zona veredal de Policarpa, la gente se preguntaba qué iba a pasar después de la salida de las Farc porque era el actor que imponía su orden en la zona. Eso nos está pasando en el territorio y es una demostración del Gobierno y del Estado en nuestros territorios. Es una preocupación natural de quienes están perdiendo a quienes se ganaron un espacio.

Lo que me corresponde es hacer llamados al Gobierno nacional y a la Fuerza Pública, he hablado con todos. Lo que necesitamos es que nos metamos en esos territorios que dejan las Farc y después hacer presencia institucional.

¿Cómo va ese proceso?

(Respira hondo) Eso va de acuerdo a nuestra solicitud y a lo que seguiremos insistiendo. Hoy no tenemos el balance, pero sí sentimos en el territorio la inquietud y la dificultad. Se está dando lo que le advertí al presidente Juan Manuel Santos el 16 de marzo del año pasado en Tumaco. Colombia está viendo la paz por televisión y Nariño está sufriendo el impacto de lo que significa la reconquista de esos territorios que abandona las Farc.

¿Usted siente que esos llamados que ha hecho al Gobierno están siendo escuchados?

Lo que sabemos es que hay un esfuerzo por parte de nuestra Fuerza Pública. La realidad de Tumaco sobrepasa el potencial de la Alcaldía y de la Gobernación de Nariño. Hay que hacer un SOS nacional por Tumaco. En el mapa de Colombia podemos identificar dos puntos críticos: Tumaco y Catatumbo. Si eso es así ¿por qué no hacemos lo propio como Estado de dar la atención integral. No se trata de descargar responsabilidades de unos a otros, sino de que seamos capaces de dar una respuesta integral de Estado. Invito al Estado colombiano a que hagamos un SOS por Tumaco.

Siento que hay cierta desazón de su parte cuando habla de los pedidos que ha hecho para que la Fuerza Pública y la institucionalidad llene los espacios que dejó la insurgencia…

Asumir responsabilidades como esta implica tener la sensibilidad de los problemas de nuestra ciudadanía y sus implicaciones. Nosotros tenemos como Estado a una marmota absolutamente lenta que no va a la velocidad que se requiere para darle soluciones a nuestra gente. Ese es el choque más fuerte que yo he tenido. Mi desazón es estructural, no coyuntural.

¿Y esa lentitud se está viviendo en la labor de copar espacios que deja las Farc?

Es la misma realidad del paso de las Farc a la democracia, no es el paso de la guerrilla de la guerra al paraíso. Llegó a un territorio que es el colombiano y llega a esos espacios y a esos territorios en donde tenemos absolutamente todas las necesidades de nuestra gente. Por ejemplo, las zonas veredales siguen sin estar terminadas.