Conversatorio en el Ficci con Colombia2020

Hablando de la guerra y la paz en el cine

Tres directores que participan en el Festival Internacional de Cine de Cartagena en una nueva categoría cuentan por qué decidieron narrar a través del cine su visión del conflicto y su idea de la reconciliación y el perdón. Diferentes visiones: un cineasta, un militar y una periodista.

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Juan Soto le pidió al pintor Miguel Medina que imaginara cómo se vería su tío hoy, 30 años después de su desaparición.
Archivo Ficci

El triunfo del No en el plebiscito impactó de manera tan fuerte al equipo de programación del Festival Internacional de Cine de Cartagena que cuando estaban preparando la versión 2017 pensaron que esta debería ser una oportunidad de oro para poner a dialogar diferentes visiones sobre el conflicto y la paz. El resultado fue la selección de ocho largometrajes y cuatro cortos que muestran la guerra y los procesos de reconciliación en diferentes lugares del mundo.

Justamente, dentro del programa de actividades académicas del Festival, los directores de tres de esas producciones colombianas intercambian hoy opiniones en un conversatorio titulado “Problemas éticos y estéticos de la representación de la guerra y la paz”. Allí estarán sentados Juan Soto, con su película La parábola del retorno; el sargento de la Armada Jorge Andrés Giraldo, con Nueve disparos, y la periodista y documentalista paisa Natalia Orozco, con El silencio de los fusiles.

Tres visiones, tres maneras de contar, tres testimonios valiosos. El de un sobreviviente del exterminio de la UP que estuvo 30 años exiliado en Londres y enfrenta sus recuerdos y nostalgias al regresar al país tras el fin de la guerra. El de un combatiente de la Fuerza Pública que construye su autobiografía para un trabajo de grado y descubre que su desgarrador testimonio como sobreviviente a nueve letales disparos es una radiografía del conflicto, que cobra la vida de aquellos que tienen menos oportunidades. Y la visión de una periodista que después de vivir 17 años fuera del país documentando guerras ajenas decide apostar por contar cómo llegan a un acuerdo la guerrilla más antigua del continente y un Estado dirigido por un fiel representante de la clase dirigente bogotana. Aquí, un avance de esta conversación

Juan Soto: “Parábola del retorno”

Parábola del Retorno // TRAILER from Juan Soto on Vimeo.

“En noviembre de 1987, a Wilson Mario Taborda, mi tío, lo desaparecieron los paramilitares en la vía Medellín-Bogotá. Él era conductor y escolta de Bernardo Jaramillo Ossa. Yo tenía cuatro años y tuve que crecer con esa historia gravitando en mi familia. Mi mamá me mandó a la casa de la abuela en Medellín, como para distraerla en medio del dolor. La casa estaba llena de sus recuerdos: el altar, los libros de la tía Gloria, en las conversaciones, la foto que sacaban a las marchas. Tengo la sensación de que ahí se sembró esta semilla.

Mi curiosidad infantil hizo que cada año preguntara más y más. En la adultez, la inquietud se convirtió en algo más periodístico. Me dediqué a recuperar sus memorias, las únicas imágenes que hay de él y que muestro en la película, y un paquete con los artículos publicados y la demanda contra el Estado. Desde ese día empecé a cargar en la maleta un DVD y un sobre de manila. Me fui a estudiar cine en Cuba, convencido de que en algún momento haría algo. Es como una deuda que yo mismo me puse.

Nunca pensé que esto sería una película. Yo me inventé que Wilson Mario se había escapado y que vivía en Londres. Lo que hice fue cruzar todos los recuerdos de la gente que lo conoció, con parte de mi vida (vivo en Londres). Mi abuela murió pensando que al otro día él iba a volver. Yo quise darle este regalo, pero ella no lo alcanzó a ver.

Para mí empezó como un ejercicio de memoria. No sé cómo tomó forma de película. Terminé un montaje de 60 minutos y lo guardé en un cajón por tres años. Luego la saqué y de un tirón le corté 20 minutos, la retoqué, hice los arreglos, la música. La presenté en 2016, en el Festival de Márgenes en España, donde ganó premió.

Esta película tomó otros tintes, porque un ejercicio de memoria íntima se volvió colectivo. Quiero dejar cabos sueltos, preguntas abiertas, para que el espectador dialogue y se las responda. Para mí es un tributo a una generación desaparecida, borrada sistemáticamente. Es un deber para lograr la reconciliación. No tengo filiación política, no milito en ningún partido, no soy de izquierda. Pero veo que hay muchas personas que se identifican con la historia de los desaparecidos, sin importar quién sea la víctima o quién lo haya hecho. Esta película no tiene bandera política”.

Jorge Andrés Giraldo: “Nueve disparos”

 

A mí no me han contado la historia del conflicto armado en Colombia, yo la he vivido. Recibí nueve tiros en mi cuerpo en desarrollo de mis actividades como miembro de la Armada. Me han hecho 27 cirugías, perdí el pulmón derecho y la pared abdominal; me partí la cadera, la pelvis, los dos brazos, tres costillas y una clavícula. En mi cuerpo quedaron cinco tiros: uno en la garganta, otro dentro del músculo del pecho, uno en el pulmón izquierdo, uno más en el bíceps izquierdo del brazo y uno cerca de la columna. Son calibre .45, las balas más grandes en armas cortas.

Perdoné a los miembros de las Farc que me hicieron esto desde el mismo momento en que abrí los ojos, después de haber estado en coma. Ya había visto cientos o miles de víctimas, militares, campesinos, niños, citadinos, y no quería sumergirme en el odio, la venganza, la retaliación. No les di permiso a las Farc de hacer sufrir mi alma, aunque mi cuerpo evidentemente sufrió.

Nací inmerso en el mundo audiovisual, porque mi mamá era fotógrafa de matrimonios y bautizos. Crecí en medio de rollos y carretes de película. Y siempre tuve obsesión por escribir, por leer, por pintar. Me gustaba contar historias. Cuando fui herido tuve oportunidad de estudiar comunicación audiovisual en la Universidad Javeriana de Cali. Esta película la hice en compañía del profesor Carlos Rodríguez Aristizábal; es mi trabajo de grado.

No me interesaba hablar de buenos ni de malos, ni de ideologías políticas; estamos mamados de eso en Colombia. He visto cómo nos matamos por pensar diferente. Yo quería contar mi biografía, como un muchacho de barrio, con pocas alternativas de surgir por ser pobre. De donde vengo es una utopía pensar en ingresar a una universidad, así que la ‘alternativa’ es inmiscuirse en el conflicto. Ingresé a los 17 años a la Armada Nacional, cuando estaba enemistado con la sociedad. Yo sentía que nadie me podía dar órdenes. Mi mamá me mandó porque estaba desesperada conmigo. Pensé que no me iba a adaptar a aceptar órdenes.

Luego de prestar servicio con 570 muchachos del occidente colombiano (éramos apenas cinco bachilleres), tuve la oportunidad de hacer carrera militar, salí trasladado para la selva. Me dediqué a registrar con la cámara los combates, como si fuera reportero de guerra. Esas imágenes fueron usadas como material probatorio de nuestro actuar. Tenía una cámara personal con la que quise capturar momentos únicos, como la sonrisa en medio de la hostilidad, cómo nos dábamos la mano los unos a los otros, el cansancio, el miedo, el hambre.

Cuando quise hacer mi trabajo de grado le mostré al profesor el archivo de fotos y videos de mi mamá, un cuarto repleto de cajas. Ahí se le ocurrió a él utilizar ese archivo. Lo que quise fue contar cómo construyo una vida con muchos sacrificios, cómo construyo una familia, cómo pude perdonar. Fue mi manera de cerrar heridas y liberarme del odio”.

Natalia Orozco: “El silencio de los fusiles”

 

El Silencio de los Fusiles - Trailer Esp from Natalia Orozco on Vimeo.

“Haciendo la película no me preocupé por las primicias periodísticas y eso nos permitió tomar decisiones pensando en si el momento aportaba a la reflexión que queríamos o no. Hay momentos que pueden parecer superficiales, pero para mí son reveladores. Uno de ellos fue compartir con las Farc un partido de Colombia en el Mundial de Fútbol, justo antes de la segunda vuelta a la Presidencia. Los vi con la camiseta como cualquier colombiano, emocionándose. ¿Hasta dónde la guerra nos hizo pensar que somos tan distintos?

Me impresionaron los reencuentros con sus familias. Eso me mostró cómo seres humanos que tomaron decisiones que hicieron tanto daño, actos que no tienen justificación, son hijos, hermanos, padres. La complejidad de la condición humana.
Del lado del Gobierno vi unas personas con profunda capacidad de autocrítica, unos militares con ganas de que sus tropas puedan vivir una Colombia diferente. Me impactó la capacidad de Humberto de la Calle para ponerse en los zapatos del otro. Eso fue muy importante, porque la fuerza empática jugó un rol fundamental.

Creo que la guerrilla no está lista aún para ir al nivel de profundidad y autocrítica que yo quería. Pero logré mostrar cómo vivieron ellos este período, narrado desde una perspectiva muy íntima. Tenemos que reconocer, por ejemplo, que en la clase empresarial hay gente comprometida y que no todos son financiadores de paramilitares. Que personas que han reclutado niños o estallado bombas pueden ser el resultado de las circunstancias. Estoy convencida de que ninguna guerra es un asunto de buenos y malos. Todos tenemos una responsabilidad. Esta película también se pregunta cómo sería Colombia si venciéramos la guerra contra la indiferencia”.