Esta sería la primera reparación colectiva de una organización campesina en el mundo

La Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (Anuc) inició este año un proceso de reparación colectiva con un modelo completamente nuevo. En los próximos años tendrán que ejecutar $6.000 millones para realizar el plan.

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La meta de la Unidad de Víctimas es que la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos de Colombia (Anuc) tenga presencia en los 32 departamentos del país.
Archivo El Espectador

La reparación colectiva de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (Anuc) avanza con paso firme y podría ser la primera organización campesina en el mundo en ser reparada como víctima de un conflicto armado.

Eso es un orgullo para los 600 líderes de la organización que se reunieron en Bogotá en el XVI Congreso Nacional de la Anuc, para consolidarse como pedagogos de los acuerdos entre las Farc y el Gobierno. La reunión también sirvió para renovar los liderazgos de sus comités departamentales y discutir sus metas a futuro.

El proceso que hoy es un referente mundial de reparaciones colectivas inició a principios de 2013. Ese año la Unidad de Vícitmas (Uariv) estaba buscando los grupos sociales más vulnerables y afectados por la violencia para priorizarlos en las reparaciones colectivas.

A nivel nacional la Uariv eligió siete: el movimiento sindical, el grupo de periodistas, la ONG de derechos humanos “Instituto Popular de Capacitación” (IPC), la plataforma de organizaciones “Red de Iniciativas Ciudadanas por la Paz y contra la guerra” (Redepaz), el grupo de Concejales y Diputados, la organización campesina “Asociación Nacional de Usuarios Campesinos de Colombia” (Anuc) y la organización política “Unión Patriótica” (UP). Estos son solo los casos nacionales porque en total la Unidad de Víctimas identificó más de 300 grupos o "sujetos" de reparación colectiva, que abarcan decenas de miles de personas.

Anuc fue elegida para resarcir al grupo por las décadas de violencia que sufrió a manos de guerrillas, paramilitares y hasta de agentes del Estado. "Llegaban los sicarios y preguntaban ¿usted es la de la Anuc? Si respondían que sí,  ahí mismo lo mataban. Delante del que fuera", recuerda José Alirio García Serna, presidente de Anuc en Risaralda.

Aunque las siete priorizadas a nivel nacional iniciaron el acercamiento con el Estado al mismo tiempo, el proceso con Anuc avanzó más rápido. Paula Gaviria, consejera presidencial para los Derechos Humanos, explica que las conversaciones fueron eficientes gracias al  liderazgo que tiene la organización. “Aún en medio de la guerra, Anuc nunca perdió sus gobernancias internas y mantuvo un diálogo permanente con sus miembros, aún los que estaban en las regiones más alejadas. Logró sobrevivir a la violencia gracias a esa sólida estructura interna”.

Las reparaciones colectivas tienen varias fases. La primera es el acercamiento del Estado con la comunidad. En esta fase se indentifica cuántos miembros tiene el grupo, cómo fueron victimizados y qué es lo que los diferencia (si son una étnia, mujeres, etc.). Luego sigue la fase de construcción del Plan Integral de Reparación Colectiva. Esta es la parte más delicada porque todos los miembros del grupo deben sentirse representados en lo convenido. Si la organización no tiene un buen liderazgo y una comunicación sólida, se puede quedar estancado en esta fase por años. Luego, si es una comunidad étnica, se debe hacer una consulta previa. Una vez sorteados todos estos pasos, empieza la implementación del plan. Cuando se lleva a cabo el 100% del proyecto se puede decir que el proceso está consolidado. 

En el caso específico de la Anuc, la interlocución con la Unidad de Víctimas avanzó de tal manera que se demoraron un año en la primera fase: la de identificación y alistamiento. Entre octubre de 2014  y diciembre de 2015 se desarrolló la fase de diagnóstico y formulación del Plan, la segunda y más compleja. El 18 de marzo de 2016 firmaron el Plan Integral de Reparación Colectiva y empezaron a ejecutar el plan.

La reparación de la Anuc está enfocada en fortalecer la organización, recuperar su autonomía y garantizarle la libertad de expresión. Además busca que todos los colombianos se enorgullezcan del campesinado colombiano y lo apoyen. Para eso se establecieron tres pilatres: Una reparación simbólica, que se materializará en monumentos en lugares emblemáticos donde ocurrieron grandes matanzas, una económica, para reponer la infraestuctura agropecuaria que dañó la guerra, y una social que provea los mecanismos políticos para que la organzación se fortalezca y se vuelva la principal interlocutora entre los campesinos y el Estado. Así lo explica José Alirio García Serna, presidente departamental de Anuc en Risaralda.

“Queremos que se reconozca que muchos dieron la vida en la lucha por los derechos de los campesinos. Para lograrlo, lo primero es volver a las veredas, con la ayuda del Gobierno Nacional, para reorganizar los comités veredales, y luego los municipales y departamentales. Para reconstruir el tejido social se hacen encuentros financiados por el Gobierno. Además se está haciendo el censo de las casas campesinas que se perdieron para que, así no se recupere el edificio, se monte el programa de apoyo a las familias cultivadoras”, explica.

Don José recuerda los días en que la Anuc estaba compuesta por un millón de personas. La organización, que fue creada por el presidente Carlos Lleras Restrepo en 1967, representaba al 6% de la población colombiana a principios de los 70. En la década de los 2000, en el apogeo del paramilitarismo, de las 850 organizaciones municipales solo quedaron 400. Redes de liderazgo de departamentos como Córdoba y Montería desaparecieron por completo. Hoy, apenas cuatro meses después de que inició la reparación, Anuc tiene aproximadamente 250.000 miembros y recuperó su presencia en 25 departamentos de Colombia. La meta de la Unidad de Víctimas es que para el año 2020 se tenga presencia en los 32 departamentos y tenga una mayor representación que en sus años de gloria.

“Para nosotros es claro que mientras se haga una reforma agraria integral, democrática y participativa no habrá paz. Pueden negociar con los que quieran, pero si no se resuelve la tenencia de tierra, los latinfundistas siguen acumulando más y a su vez más campesinos son desalojados de sus predios, no habrá posibilidad de paz. Esperamos que para 2020 por lo menos haya arrancado el programa de reforma agraria”, concluye don José Alirio.

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