Experiencias internacionales de mediación

“En Colombia hay espacio para la reconciliación”: Christopher Moore

El experto en resolución colaborativa de conflictos dice que las confrontaciones no se acabarán con la firma del acuerdo de paz, sino que se deberá usar la negociación como alternativa a la violencia.

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Christopher Moore ha trabajado como mediador en más de 50 países.
/ Cortesía

Christopher Moore empezó a trabajar como activista en pleno auge del Movimiento por los Derechos Civiles en Estados Unidos, en la década de 1970. Desde entonces ha trabajado como mediador de conflictos en más de 50 países y gestionado negociaciones entre diferentes sectores —gobiernos, empresas privadas   y organizaciones no gubernamentales—, logrando consensos en disputas por recursos naturales, desarrollo minero-energético y políticas públicas. Ahora llega a Colombia para participar en el XII Congreso Mundial de Mediación y Cultura de Paz, organizado por la Cámara de Comercio de Bogotá, que se desarrollará en Bogotá del 26 de septiembre al 1º de octubre.

¿Cuál es uno de los retos más importantes para lograr un acuerdo exitoso?
Lograr una relación de respeto entre las partes en contienda. Cuando trabajé en Palestina, por ejemplo, la Organización para la Liberación Palestina debía negociar con los israelíes temas de agua y otros conflictos por recursos naturales. Desarrollamos una simulación virtual para que ellos pudieran aprender a usar técnicas de mediación. Nos dimos cuenta de que si hacíamos la simulación con la problemática de Oriente Medio, se enfrascarían en el problema y les sería muy difícil encontrar una solución. Así que situamos todos sus problemas en Latinoamérica. Todos los nombres eran en español y los lugares no les eran familiares. En la simulación, la negociación fue exitosa, pero cuando le preguntamos al líder negociador por qué creía que los personajes del simulacro, que tenían los mismos problemas que ellos, pudieron llegar a un acuerdo, él dijo: porque tenían una buena relación. En la vida real no tenemos una relación lo suficientemente buena como para aplicar procedimientos de mediación y encontrar las soluciones.

¿Es posible, como mediador, mantener la completa imparcialidad?
Lo que se nos enseña a los mediadores es que los acuerdos resultantes deben estar acordados por las partes. Si las partes están llegando a una conclusión que viola los derechos humanos, el mediador tendría una obligación moral de dar a conocer el problema.

¿Le ha pasado eso alguna vez?
Cuando trabajé en Afganistán, con temas de desplazados en disputas por la tenencia de la tierra. Uno de los grandes problemas es que no les querían reconocer la titularidad de la tierra a las mujeres. En ese país hay cuatro tipos de leyes: las locales consuetudinarias tribales, la ley sharia (que es la islámica), la ley nacional y la ley internacional. Las mujeres son tratadas de diferente forma de acuerdo a cada ley. En la ley nacional e internacional, las mujeres tienen los mismos derechos que los hombres. En la sharia no, pero sí algunas protecciones especiales. Pero en la ley consuetudinaria tribal las mujeres tienen muchas restricciones que no cumplen ni de lejos lo estándares de derechos humanos.
Los mediadores los convencieron de pasar de la ley consuetudinaria tribal a la sharia. No pudieron dar el salto directo desde la ley tribal a la internacional, pero sí pudieron llevar a la comunidad un paso más en la dirección correcta.

¿Por qué es vital darles participación política a los grupos insurgentes en la negociación del fin de un conflicto armado interno?
Porque es un cambio estructural vital para que todas las partes tengan un papel razonable y equitativo en la toma de decisiones. Es un cambio de relación y una transformación importante para llegar a las raíces del conflicto.

¿Qué papel juega la reconciliación en el proceso de posconflicto?
Hay necesidad de un ejercicio de verdad y reconciliación, pero cada país lo implementa a su medida. Al final de la guerra en Camboya, por ejemplo, los ciudadanos no querían tocar el tema de la reconciliación. Eso tiene que ver con su religión, porque son budistas y creen que si haces algo malo en esta vida lo pagarás en la próxima, entonces no hace falta un proceso de reconciliación ahora. Pero decidieron juzgar los crímenes de guerra. En Suramérica, en cambio, sí han tenido procesos de reconciliación. Creo que en Colombia hay un espacio para mediar en procesos de reconciliación.

En las negociaciones entre el Gobierno y las Farc, el componente de Justicia Transicional fue muy importante y todavía es uno de los temas que causan más polémica.
Colombia puede necesitar apoyo creando el proceso de Justicia Transicional. Hay todo un campo en el manejo de conflictos que trata la restauración de justicia. Ese es un proceso de mediación en el que víctima y victimario se reúnen para determinar qué puede hacer el ofensor para compensar el daño causado y restaurar la relación.
Esto pasa en Liberia, donde trabajo actualmente. Muchos están preocupados de que, si son arrestados por un crimen que cometieron durante el conflicto, pueden pasar años en la cárcel sin un juicio, porque el sistema judicial está colapsado. Una de las cosas que buscan es una mediación entre víctima y victimario para llegar a un acuerdo sobre la dimensión del daño, y eso se tiene en cuenta en la corte para designar el castigo. Todo el proceso es mucho más ágil.

¿Cómo cree que será la mediación en Colombia después de que se firme un acuerdo con las Farc?
Probablemente habrá comités o grupos de trabajo encargados de implementar los acuerdos de paz y resolver asuntos como la restitución de tierras. Estos grupos normalmente están integrados por las partes en conflicto y otros interesados en el tema. En el interior de estos grupos deberá haber un mecanismo de resolución de conflictos y un mediador o un facilitador.

Algunos de los conflictos sociales previsibles en un eventual posacuerdo son entre las comunidades y las empresas extractivas en los territorios. ¿Cómo mediar entre una visión global y una local del desarrollo?
Esto pasa mucho en países que solucionan un conflicto armado de larga data: todos estos conflictos cobran relevancia. Cada compañía debe tener un sistema de resolución de conflictos que sea eficiente y que tenga la confianza de la comunidad. Ese sistema debe estar determinado antes de que surjan los conflictos, para que se pueda poner en marcha de la forma más ágil posible, desde cuando hay pequeños conflictos, como que el camión de la compañía chocó la vaca de un campesino, hasta los más complejos. Se podría mirar las zonas donde hay más industria extractiva y analizar cuáles serían los conflictos que surgirían en esos lugares y crear una estrategia para resolverlos.