"Eliminar el machismo es una tarea de las leyes y la cultura": Alejandra Borrero

Del 20 al 26 de noviembre se llevará a cabo en Bogotá el Festival "Ni con el pétalo de una rosa" que busca generar una cultura de paz y respeto hacia las mujeres. El evento, organizado por Casa E, también conmemorará el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

alejandra_ciclovia_cut.jpg

Alejandra Borrero es directora de Casa E y una de las que impulsa el Festival Ni con el pétalo de una rosa.
Cortesía Casa E

El próximo 20 de noviembre se inaugura el III Festival Internacional "Ni con el pétalo de una rosa", que cerrará seis días después esta nueva edición. El evento tendrá obras de teatro, flashmob, conciertos, microteatro, ciclovía por las mujeres, conversatorios, talleres y ecoyoga. En total son más de 100 actividades que buscan llamar la atención sobre la naturalización de la violencia hacia la mujer. Todo esto en el marco del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, que se celebra el 25 de noviembre.

Alejandra Borrero, directora de Casa E, la entidad que organiza el festival, habló con Colombia2020 sobre cómo la violencia ha impactado a la mujer colombiana y el gran desafío que tiene el arte para derrumbar esos estereotipos de género que perpetúan las agresiones contra el género femenino.

¿Cómo cree que ha afectado la guerra a las mujeres colombianas?

La violencia contra las mujeres es una constante tanto en el ámbito privado como público. Es un problema cultural que pasa de generación en generación. Pero también es cierto que el conflicto armado ha exacerbado los actos violentos contra las mujeres y las niñas. Eso lo vimos cuando empezamos a trabajar con el proyecto Víctus, una capacitación en teatro con exintegrantes de diferentes grupos armados. En los talleres los hombres decían que dentro de esas organizaciones las mujeres eran mucho más vulnerables a la violencia física y emocional que los militantes hombres.

Pero al mismo tiempo muchas mujeres excombatientes dicen que tuvieron la oportunidad de aprender de liderazgo dentro de los grupos armados.

Dentro de los actores armados hay grandes sabidurías que debemos aprovechar en este momento. Encontramos muchas líderes que se formaron y que conocen sus derechos. Hay una especie de equidad dentro de las filas de los grupos insurgentes, pero cuando se investiga a fondo se nota que la violencia de género si permea la vida cotidiana en esos grupos. Es una violencia que, en parte, proviene de estereotipos transmitidos a través de varias generaciones.

¿Cómo podría ayudar el acuerdo de paz a la meta de acabar con la violencia de genero?

Con el acuerdo la gente espera que se acabe la violencia en el país, pero eso es una mentira. Con el fin del conflicto se reduce apenas el 10% de la violencia que vive la mujer. Sin embargo, ese 10% es importante porque cambia el imaginario de la gente. Aun así debemos recordar que las cifras demuestran que la violencia intrafamiliar y de pandillas son las que más feminicidios causan en Colombia. En este momento la casa es el lugar más peligroso para una mujer. Es más, muchas mujeres entraron a los grupos armados por la violencia a la que estaban sometidas en sus hogares. Cambiar eso es el desafío que enfrentamos ahora.

¿Cómo puede el arte cambiar estos imaginarios y costumbres?

Es una tarea conjunta de las leyes y la cultura. La parte que le corresponde al arte es la de derribar los imaginarios que justifican lo injustificable. Es increíble ver la cara de las personas cuando se les explica que la violencia es inadmisible en cualquiera de sus formas. Hay que encontrar por qué pensamos que No es Sí o por qué elegimos ese estereotipo del hombre macho e insensible. Ese tipo de costumbres hay que cambiarlas poco a poco.

¿Eso es lo que intenta conseguir el festival "Ni con el pétalo de una rosa"?

Llevamos ya 10 años con la campaña "Ni con el pétalo de una rosa" para ayudar a menguar el dolor de la violencia contra las mujeres. Este tipo de iniciativas son importantes porque solemos naturalizar la violencia. Un ejemplo de esto son los piropos que muchos hombres les hacen a las mujeres en la calle. Que una persona desconocida pueda hablar de tus partes íntimas sin tu consentimiento, en un espacio público para humillarte es una de las formas de agresión más naturalizadas que hay en Colombia. Una persona que es capaz de agredir a una mujer de esa manera es mucho más propensa a hacer un daño físico. Eso debería ser prohíbo.