El Salvador: ¿cómo enfrentar las nuevas violencias en el posconflicto?

En medio de un país donde surgen las pandillas y el narcotráfico, el municipio de Suchitoto es un ejemplo de cómo la organización social a nivel local puede ayudar a prevenir nuevas violencias. 

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Actividades artísitucas en el municipio de Suchitoto, El Salvador.
APC

Este miércoles, en el evento de la Agencia Presidencial de Cooperación Internacional de Colombia (APC - Colombia) Saber Hacer Colombia Paz, se escucharán cuatro experiencias internacionales en materia de construcción de paz que son claves para el posconflicto en Colombia. El siguiente es un vistazo al caso de El Salvador. Vea aquí las experiencias en Azerbaiyán, Ruanda y Filipinas

A 47 kilómetros de San Salvador está Suchitoto, un municipio de aproximadamente 25 mil habitantes, que sobresale por su cultura de paz en medio de un país en el que surgen nuevas violencias en el posconflicto. A pesar de que Suchitoto fue una de las 15 zonas de concentración y desmovilización del Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN), no tuvo después de la guerra mucha presencia ni apoyo económico del Estado. No obstante, se convirtió en un ejemplo sobre la importancia de la organización comunitaria, la participación política y la interlocución entre el nivel nacional y local.

Cuando finalizó la guerra civil en El Salvador, con la firma de los Acuerdos de Paz de Cahpultepec de 1992, el municipio de Suchitoto lucía despoblado y destruido. Fue una de las primeras zonas que se acordó para la concentración de exbombatientes, que permanecieron en Suchitoto concentrados en tres bases, durante el cese al fuego y mientras se realizaba su proceso de desarme. Después de la desmovilización, allá se asentaron unos 2.500 excombatientes —es uno de los cuatro municipios del país con mayores desmovilizados asentados después del conflicto- y se inició un proceso de reconstrucción social y material, en medio de otros procesos de reinserción social y reconciliación entre familias.

Javier Martínez fue uno de los desmovilizados en Suchitoto, fue parte del equipo que elaboró el plan de reconstrucción de posguerra, luego participó en el primer esfuerzo de planificación municipal en 1995 y posteriormente condujo ese proceso en el 2006, al ser Alcalde del municipio por 6 años (2006-2012). Recuerda él que durante el conflicto el municipio tuvo una destrucción de su infraestructura rural en un 80%, y a nivel urbano en un 25%, y que un 80% de la población fue desplazada forzosamente por la guerra. “Ahí la guerra estuvo vigente por 12 años y se generaron muchas muertes, tanto por combates como muertes de civiles, de lo cual no existe un registro pero se estima que entre 2500 y 3000 personas murieron de esa manera”.

Vea aquí una entrevista con Deisy Cheyene, exintegrante del Farabundo Martí de Liberació Nacional

Terminado el conflicto armado, la capacidad del estado no alcanzaba para llevar una oferta institucional y muchas oportunidades a comunidades como Suchitoto. Ese vacío estatal generó en un primer momento la aparición de grupos delincuenciales dedicados al robo y al secuestro, pero el fenómeno fue superado con un programa impulsado por ciudadanía y policía entre 1994 y 2000, con el cual desarticularon bandas delincuenciales y prácticamente erradicaron el secuestro.

Suchitoto se destaca porque las organizaciones sociales alcanzaron un alto nivel de organización y autogestión, así como de interlocución con el gobierno municipal y central. Más que reuniones, estas prácticas se han concretado en leyes y reformas. Las organizaciones sociales han sido parte de las políticas públicas y la implementación de estrategias. Son alrededor de 120 organizaciones comunitarias de diferente tipo (mujeres, rurales, cooperativas, asociaciones culturales, entre otras) que tienen una participación vibrante en todos los asuntos del municipio.

Explica Martínez que, a pesar de la situación adversa en los primeros años del posconflicto, en Suchitoto nunca se rompió el cese de fuego y no volvió a haber enfrentamientos durante la transición. Eso, sumado a la participación ciudadana en la formulación de políticas, permitió “un proceso de reinserción que, aunque débil, ha sido sostenible” y Suchitoto “pasó a ser un municipio pionero en acciones de saneamiento ambiental, de cobertura de servicios básicos pasando de un aproximado de entre 10 y 15% de cobertura a entre 97 y 98% actualmente. De 25 mil habitantes, el municipio quedó sólo con unos 5000 después de la guerra, y pasados 15 años alcanzó los 27 mil habitantes de nuevo”. En el año 2007, cuando se cumplían 15 años de los acuerdos de paz, Suchitoto fue reconocido como el segundo municipio turístico del país, con amplios programas e inversión para el aprovechamiento del patrimonio cultural y el desarrollo turístico.

En materia de reducción de la violencia, uno de los actores fundamentales en la interlocución de la ciudadanía entre sí y con el Estado es el Comité Municipal para la Prevención de la Violencia (CMPV), que se creó en 2012 entre la Alcaldía y los líderes de organizaciones locales, para enfrentar de manera conjunta fenómenos como las pandillas, el reclutamiento de menores y el narcotráfico, que habían incrementado considerablemente en Suchitoto desde 2004. La Policía Comunitaria también es un referente en este sentido. La reconciliación entre la sociedad y las autoridades sirvió para que estos formaran alianzas, tuvieran una comunicación efectiva, ampliarán su presencia y capacidad para la prevención y vigilancia.

Mesas locales de participación en el municipio de Suchitoto, El Salvador. / APC

Lo anterior le ha permitido a la comunidad hacer frente a las nuevas violencias que han aparecido en el posconflicto en El Salvador. Aunque en los últimos tres años hay un repunte de la tasa de homicidios, un estudio de caso de la Agencia Presidencial para la Cooperación (APC) de Colombia, hoy Suchitoto ocupa el tercer lugar con la tasa más baja de homicidios en El Salvador y es uno de los pocos territorios donde el número de homicidios se ha reducido. Hasta marzo de 2016 se registraron 4 homicidios en el municipio, lo que representa 9 homicidios menos que en el primer trimestre de 2015.

Hay muchos otros factores de éxito en Suchitoto, particularmente relacionados con el proceso de desmovilización. Por ejemplo, para los desmovilizados que se asentaron en la zona, se desarrolló un programa de transferencia de tierras para excombatientes, con un aproximado de tres hectáreas por beneficiario. Se organizaron dos cooperativas de ahorro y crédito de excombatientes. Y los exocmbatientes fueron incluidos en un programa social amplio de desarrollo comunitario, que incluía a todos los otros sectores de la sociedad.

Según Martínez, entre otros factores que han hecho posible la consolidación de Suchitoto como una zona de paz está, además del alto nivel de organización y de autogestión comunitaria, que muchos de los liderazgos vinculados al mismo conflicto se quedaron en la zona por ser originarios de ahí o por decisión de asentarse en el territorio asumiendo tareas de liderazgo en la organización social, comunitaria y productiva; que los desmovilizados no se vieron como rendidos o derrotados sino más bien como en un proceso de finalizar una guerra cediendo todas las partes un poco en función de lo nacional; que se definió un proceso de planificación continua e ininterrumpida de un proceso de desarrollo local; que se tuvo un apoyo solidario internacional con el proceso local que permitió proyectos para desarrollar los planes, ya que el  municipio no podría generar los recursos necesarios para su implementación; y que “hay esfuerzos por enfrentar los nuevos factores que han generado otro tipo de violencia de tipo criminal y que están fuera del marco de la posguerra y obedecen a otro fenómeno como es las pandillas y la deportación de personas con antecedentes delictivos desde los Estados Unidos”.

La experiencia de Suchitoto es escuchada en Colombia en el foro de la Agencia Presidencial para la Cooperación (APC), Saber Hacer Paz. Como dice Martínez, es momento de que en Colombia se tengan en cuenta experiencias de otros lados, para evitar cometer errores que se dieron en otros países y para seguir las buenas prácticas. Además, Colombia genera un gran interés en los países donde se firmaron acuerdos de paz. Por ejemplo, dice Martínez, “desde El Salvador esperan con expectativa que no se vaya a repetir la historia de eliminación de desmovilizados por razones políticas, ya que eso volvería reversible o vulnerable el proceso”. También se preguntan “cómo construir el tema de justicia transicional y justicia restaurativa desde ya, por el hecho de que en el proceso salvadoreño eso se postergó y es hasta este año que se está hablado de esa temática”.  25 años después, cuando la Corte Suprema derogó la Ley de Amnistía de 1992 y reabrió un capítulo que quedó pendiente, el de la justicia.

Vea aquí: Lecciones de El Salvador para Colombia sobre las amnistías

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