Dolores propios y ajenos de tres comandantes de las Farc

Colombia2020 llegó hasta la zona veredal ubicada en Icononzo, un municipio al oriente del Tolima, en donde 275 guerrilleros dejarán las armas a mediados de este año. Los sueños y las deudas de tres curtidos guerreros.

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Carlos Antonio Lozada carga con el vacío de no haber podido criar a sus hijos de cerca. Dice que las Farc le dirán la verdad a sus víctimas.
Mauricio Alvarado

A Icononzo, un municipio tolimense ubicado a tan solo 130 kilómetros de Bogotá, llegaron los frentes 7, 17, 27 y 40 de las Farc. Se espera que para junio de este año los 275 guerrilleros que están agrupados en esa zona veredal hayan entregado todas sus armas a las Naciones Unidas para ser el insumo de tres monumentos que se construirán en Cuba, Noruega y Colombia. Colombia2020 entró hasta el campamento de la guerrilla en Icononzo y habló con tres comandantes que si se suman los años que llevan en la guerra encajan 107. Hablan sobre su tránsito a la vida civil y sobre los dolores que causaron en medio del conflicto.  

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Carlos Antonio Lozada ingresó hace 36 años a las Farc. Se incorporó al Sexto Frente de esa organización en septiembre de 1978. En 1983 empezó a comandar las acciones urbanas de la guerrilla y llegó a ser comandante del Frente Antonio Nariño que operaba en Bogotá y Cundinamarca. Fue escalando y hoy en día es uno de los integrantes del Secretariado, el órgano superior de la insurgencia.

El 15 de marzo de 1989 nació su primer hijo, su otra hija ronda los 18 años. Cuando habla acerca de la distancia que siempre mantuvo con sus hijos como consecuencia de la confrontación armada dice que siente un vacío. Sin embargo, la oportunidad de criar de cerca se le va a dar. En marzo de este año nacerá una niña suya. Cuando habla sobre ser padre dice que “es algo que, además de la paz, se me está dando en este momento y lo recibo con mucha alegría”.

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La historia Lozada hace parte de esa ola de nacimientos y embarazos que se han dado en el seno de la guerrilla luego de que la planificación obligatoria, que era una política de las Farc, cesara desde mayo de 2016. Esto ha llevado a que, según como lo dijo el Alto Comisionado para la Paz, Sergio Jaramillo, se estima que hasta que se complete el proceso de dejación de armas podrían nacer uno 300 niños.  

Las heridas de la guerra pasan también por los hijos. Es el caso de Fernando Ordóñez que hacía parte de la dirección del Bloque Oriental de la guerrilla. Tiene 56 años y se unió a la insurgencia el 13 de diciembre de 1981 luego de ver cómo sus compañeros del departamento del Meta que hacían parte de la Unión Patriótica caían asesinados uno por uno. Solamente entre 1986 y 1988, 300 militantes de ese partido fueron asesinados en ese departamento.

Tres de los hijos de Ordóñez fueron a buscarlo y también ingresaron a las Farc. Giovanny, uno de ellos, hacía parte del frente 16 y murió en un bombardeo en el departamento de Vichada. Ordóñez no pudo asistir a su entierro.

El acuerdo de paz ha cambiado su vida. Hace poco contactó por primera vez en 36 años a dos de sus hermanas. Aunque advierte que viene de una familia conservadora entre la cual podría encontrar alguna resistencia dice que “familia es familia” y quiere volver a encontrarse con sus 9 hermanos y con sus primos. Además, sueña con reunir a los “10 o 12” hijos que dice tener.

“La paz va bien porque todos los guerrilleros en general están apostándole a la paz, pero esta no es solo el silencio de los fusiles”, dice Rodrigo Cadete que ingresó a la guerrilla en Paujil (Caquetá) hace 36 años. Hasta febrero de este año comandó, según sus cuentas, aproximadamente a 170 guerrilleros que hacían parte del frente 27 que operó en lo municipio de Vista Hermosa (Meta).

A pesar de que a mediados de septiembre de 2016 varios medios de comunicación reportaron que él estaría organizando una disidencia que no se acogería al acuerdo de paz él se defiende diciendo, casi entre risas, que nunca supo de dónde salió esa información. “Yo no pienso ser un gran empresario en cinco años, yo quiero estar en el partido defendiendo nuestros ideales para la toma del poder y en caso de que se me dé la oportunidad me gustaría estudiar agronomía”, dice acerca de su futuro en la vida civil.

Del dolor propio al ajeno

A pesar de los dolores que cargan sus integrantes, las Farc también han causado daño. Lozada, Ordóñez y Cadete reconocen que en medio de la guerra hubo excesos y que en medio de las acciones militares murieron civiles. En palabras de quien comandó el frente 27: “Nosotros no somos unos dioses, en medio de la guerra se cometieron algunos delitos”.

Este año se conmemoraron 14 años del atentado al Club el Nogal en Bogotá. Esa noche del 7 de febrero del 2003 murieron 37 personas y 197 quedaron heridas tras la activación de un carro bomba que fue instalado por las Farc en el parqueadero del club. Desde diciembre de 2016 se conoce que la guerrilla y los familiares de las víctimas de ese hecho llegaron a un acuerdo para la realización de un acto en el que pidan perdón. Lozada no se atreve a dar una fecha, afirma que “son procesos que demandan tiempo porque hay que tejerlos con mucho cuidado. Se trata de que sean eventos muy reservados que garanticen la dignidad de las víctimas”.

Cuando se le pregunta a él acerca de los motivos para atentar contra un recinto que estaba lleno de civiles en ese momento enfatiza: “Dentro de los compromisos políticos y morales que tenemos con la firma del acuerdo va a llegar el momento en el que la organización proceda a revelar la verdad como parte esencial y fundamental de reparación a las víctimas”.

Una respuesta similar da Cadete sobre los crímenes que hayan podido cometer tropas a su mando: “Hay muchas cosas que contar, pero en este momento es mejor de manera general”. Aclara que ese momento será cuando se constituya la Comisión de la Verdad que establece el acuerdo firmado entre el Gobierno y las Farc el 24 de noviembre del 2016. A su vez advierte que está dispuesto a responder por esos actos.

Ordóñez dice que en la guerra se cometieron muchos errores, pero matiza esa afirmación diciendo que “desgraciadamente en la guerra, quiéralo o no, hay gente que se afecta de manera colateral”. Sin embargo, admite que quisiera pedirle perdón “a todo el pueblo colombiano”.