Despejado el camino para dialogar con el Eln

Con la liberación del excongresista Odín Sánchez por parte del Eln y el indulto concedido por el Gobierno a dos guerrilleros que se encontraban presos en la cárcel de Palogordo, se cumplieron los compromisos para iniciar la fase pública de diálogos en Quito.

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El político chocoano fue entregado este jueves a una misión humanitaria del CICR.
Reuters

Todo indica que con la liberación ayer del excongresista Odín Sánchez, quien permaneció por casi un año secuestrado por el Eln, se le ha puesto punto final a la incertidumbre en que han permanecido los diálogos exploratorios con esta guerrilla. Su libertad constituye el epígrafe de la fase pública de negociación, la cual empezará el próximo martes en Quito, Ecuador.

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“Estoy libre físicamente, porque siempre he estado libre espiritualmente”, fue la reacción de Sánchez, de 62 años, minutos antes de ser liberado en un alejado punto de la selva chocoana. “Nunca me apuntaron con un fusil. Tomé una decisión de un intercambio y lo hice voluntariamente por las condiciones físicas de mi hermano”, agregó, refiriéndose al canje que en abril de 2016 hizo para ocupar el lugar de Patrocinio Sánchez, quien se encontraba en cautiverio.

A la liberación del exrepresentante a la Cámara se sumó el indulto concedido por el Gobierno a dos guerrilleros del Eln que cumplían condenas por rebelión en la cárcel Palogordo de Girón, Santander, y quienes se encontraban en delicado estado de salud. Se trata de Nixon Cobo Vargas, de 34 años, y Leivis Valero Castillo, de 30. Ambos salieron ayer del centro penitenciario custodiados en dos vehículos de la Cruz Roja.

“Nuestros compañeros recuperan hoy su libertad en el marco del acuerdo humanitario bilateral, que también da la libertad al señor Odín Sánchez”, expresó la delegación de paz del Eln a través de un comunicado, en el que insistió que los problemas de salud de los dos indultados son también consecuencia de la deficiente atención que el Estado brinda a los presos en esa materia: “Su situación es reflejo de la crisis carcelaria del país, que afecta tanto a los presos políticos como a toda la población recluida”.

En el texto, el Eln hizo además un llamado para avanzar en la disminución de la intensidad del conflicto armado y lograr un cese bilateral al fuego que acompañe los diálogos: “Conjuntamente con el punto uno de la agenda, sobre Participación de la Sociedad, hemos acordado con el Gobierno desarrollar lo referente a las “acciones y dinámicas humanitarias” para ayudar desde un principio a aliviar situaciones que afectan a las partes enfrentadas en este conflicto y a todos los colombianos. Nuestro compromiso es buscarles salidas a los dolores de todos y no solo a los de una de las partes”.

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Por su parte, el jefe de la delegación de paz del Gobierno para los diálogos con esta guerrilla, Juan Camilo Restrepo, celebró la liberación de Odín Sánchez y resaltó que se ha cumplido con los compromisos adquiridos por las partes, como fórmula para destrabar el inicio de la mesa de diálogos en Quito. Sin embargo, también hizo énfasis en la necesidad de discutir el tema del secuestro, sobre todo teniendo en cuenta lo sucedido con el soldado Fredy Moreno, retenido recientemente por esa agrupación subversiva.

“Es un tema desafortunado y más que haya pasado en este momento, cuando se requieren gestos de paz. Naturalmente en los primeros diálogos de la mesa pediremos su liberación junto a todos los secuestrados que tenga el Eln”, dijo Restrepo. Y es que el tema del secuestro con el Eln va mucho más allá de la liberación del exparlamentario chocoano.

El Gobierno trazó su liberación como una línea roja, no porque Sánchez fuera un secuestrado político de alta relevancia para el desarrollo del proceso de paz, sino porque de alguna manera empujar su liberación implicaba la alineación de la jefatura del Eln en la decisión política de negociar la paz. Y el objetivo se logró. Tras poco más de un mes de suspensión de los diálogos exploratorios, para que la guerrilla fuera a consultas internas, las partes regresaron a Ecuador, el pasado 2 de enero, con una claridad: buscar el fin del conflicto armado entre Estado e insurgencia.

En pocas palabras, la liberación de Odín Sánchez es un mensaje de unidad del Eln alrededor de la mesa de Quito. Pero además, es una muestra de cuál será el primer sendero que se seguirá en estos diálogos para construir confianzas: las acciones humanitarias. La idea es profundizar en estos gestos hasta conseguir la libertad de todos los secuestrados en manos de la guerrilla y el compromiso de ese grupo de prescindir de esta práctica como mecanismo de financiación y presión política.

Ahora, en cuanto a la agenda de negociación, es claro que la participación de la sociedad y la fórmula de participación política de la insurgencia son la parte dura de las negociaciones. Por eso, el gran reto para este Gobierno, al que le queda poco menos de un año y medio, es avanzar tanto que la paz vuelva a ser el tema central de la campaña electoral de 2018. Y para cumplir este objetivo tiene tres pasos por cumplir: construir confianza; encontrar el mecanismo de participación de la sociedad en los diálogos; y hallar una oferta aceptable –para el Eln y la opinión pública– sobre las condiciones en que participarán en la política sin armas.