Instituto Colombo-Alemán para la Paz

"Debemos mejorar la calidad de la educación superior en las regiones"

Joybrato Mukherjee, como vicepresidente del Servicio Alemán de Intercambio Académico, espera que en los próximos años los intercambios académicos entre Colombia y Alemania aumenten gracias a la creación del Instituto Colombo-Alemán para la Paz, que recientemente inauguró el Ministerio de Relaciones Exteriores de este país centroeuropeo.

daad_cut.jpg

Joybrato Mukherjee es vicepresidente del DAAD y vino a Colombia a participar en la inauguración del Instituto Colombo-Alemán para la Paz.
Cristian Garavito

Joybrato Mukherjee es alemán e hijo de inmigrantes indios con doctorado en linguística inglesa. Es decir, su formación y contexto le permite ver el mundo con el respeto que da entender la multiculturalidad. Algo fundamental para ejercer como vicepresidente del Servicio Alemán de Intercambio Académico (DAAD, por sus siglas en alemán), una organización que hace presencia en Colombia desde el 2005, ofreciendo alrededor de 25 programas de becas para colombianos que quieren estudiar o investigar en Alemania. También trae estudiantes alemanes a desarrollar sus investigaciones en el país. 

Esta institución inauguró, junto con el Ministerio de Relaciones Exteriores de Alemania, el Instituto Colombo–Alemán para la Paz (Capaz). Por eso, Mukherjee explica que el proyecto busca impulsar investigaciones conjuntas entre estudiantes de ambos países, mejorar la educación superior en los territorios y aumentar la cantidad de intercambios entre universidades para investigar y proponer soluciones a la implementación de los acuerdos de paz en los territorios.

 

¿Por qué es tan importante fortalecer los intercambios académicos entre Colombia y Alemania durante el proceso de posconflicto?

Hay mucho espacio para el intercambio para diferentes tipos de experiencias entre Colombia y Alemania. Alemania ha tenido muchos procesos de posconflicto: después del régimen nazi, después del proceso de reunificación, después del periodo de terrorismo de 1970. Por eso como cultura pasamos por periodos en los que diferentes fuerzas de la sociedad deben reconciliarse.

Entonces una parte importante del intercambio es la reconstrucción de memoria histórica y herramientas para la reconciliación.

Es una parte muy importante. Aunque nuestro contexto es muy diferente, hay mucho espacio para intercambiar ideas sobre cómo discutir las diferentes controversias en la sociedad, cómo encontrar el balance correcto entre retaliación y reconciliación. cómo crear una pedagogía de reconciliación a las escuelas y la academia en general. 

¿Cómo se hará eso en la práctica?

Hay tres aspectos en los que es muy importante trabajar de forma simultánea. la primera es una investigación conjunta sobre los problemas que están discutiendo en este momento: justicia transicional, pedagogía de reconciliación, reforma agraria. La segunda parte es la enseñanza: Estudiantes de Alemania y de Colombia entrarán a la plataforma creada por el consorcio y encontrarán proyectos que pueden investigar y experiencias que pueden usar en sus maestrías o doctorados. Lo tercero son las transferencias. Los científicos que participen en este afecto no estarán en una torre de marfil por encima de la realidad. 

¿Cómo pueden los colombianos acceder a los intercambios?

Los investigadores colombianos y alemanes empezarán a trabajar de forma conjunta para buscar soluciones a los retos del posconflicto. No se investigará solo por investigar. Los interesados deben proponer que tengan un efecto en la sociedad civil y en los políticos que deben tomar decisiones en los próximos meses y años. En algún punto también podremos instalar un doctorado propio del instituto sobre construcción de paz en los territorios.

¿Cree que los estudiantes colombianos están preparados para hacer uso de estas oportunidades?

Sabemos que las universidades miembros de consorcio son las mejores de Colombia. También sabemos que hay muchas universidades que distan mucho de esta calidad, pero nuestra experiencia, en todos los años que llevamos en el país, es que Colombia tiene muy buenos profesionales e investigadores. El reto ahora es lograr que las cinco universidades se aseguren que las universidades regionales que participen en el consorcio también tengan altos estándares de calidad. 

¿Qué tipo de perfil profesional están buscando en los estudiantes que participen en sus programas?

Hay áreas que uno automáticamente asocia con construcción de paz: ciencias políticas, relaciones internacionales o derecho pero también debemos tener en cuenta las ciencias referentes a la agricultura, la nutrición, la medicina y la economía. La universidad de Friburgo, por ejemplo, también está en el consorcio y ellos tienen varias líneas de investigación en temas como superación de estrés postraumático y superación de la pérdida de un ser querido.

¿Tienen alguna idea de cuánto van a incrementar los intercambios ahora que se inaugura esta nueva iniciativa? 

En este momento tenemos una muy buena interacción entre los dos países y las cifras han aumentado en los últimos años. Por ejemplo, en el 2015 el DAAD ofreció 1.400 becas para sus proyectos colombo-alemanes. 1000 de esas becas fueron para colombianos que fueron a Alemania y 400 fueron para alemanes que vinieron a Colombia. Esperamos que con el instituto las cifras aumentarán porque más estudiantes alemanes verán a Colombia como un sujeto de estudio interesante y viceversa. 

¿Cómo será el trabajo entre el DAAD y el Instituto?

El DAAD no estará involucrado en las decisiones diarias del instituto. Nuestro papel será desembolsar el dinero que proviene del Ministerio de Relaciones Exteriores. Son 400.000 euros al año. Cada tres años evaluaremos el progreso y ahí decidiéremos el dinero de los próximos tres o cuatro años. Si todo sale bien el instituto tendría financiación para 10 años máximo. 

¿Cuáles son los retos que enfrenta el instituto para los próximos años?

Un problema obvio siempre es el dinero. Cuando se ve la dimensión de lo que se viene uno se da cuenta de que siempre se necesitará más dinero. Esperamos tener acceso a otras fuentes de recursos, o que otra organización quiera financiar, tal vez Colciencias en el futuro abra un programa con el que pueda ayudar. También las universidades podrían aplicar a financiación de proyectos específicos. 

También tenemos el desafío de que poco a poco se unir al proyecto a las universidades regionales. Hay territorios mucho más afectados que Bogotá y es muy importante que las personas en esas zonas estén involucradas en el proyecto.