Cartas desde la marcha final

Darle vuelta a la página de la guerra es una oportunidad: Jorge Ernesto Suárez

El hijo del "Mono Jojoy", comandante de las Farc muerto en un bombardeo de la Fuerza Pública, habla sobre lo que significó pertenecer a esta guerrilla que en pocos días dejará las armas. 

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Jorge Ernesto Suárez en la Zona Veredal Transitoria de Normalización – Llano Grande, en Dabeiba, Antioquia. /Cortesía

Nací en un campamento fariano y a los tres meses me trajeron a Bogotá, la ciudad dónde  estudié hasta décimo grado en el Colegio San Viator. Desde niño mi anhelo era estudiar Ingeniería en una de las universidades de la capital, pero debido a amenazas por parte de grupos paramilitares, ese sueño no fue posible. Sólo me quedaban  dos opciones: una, irme para la guerrilla; dos, estudiar en el exterior. Escogí la primera.

Hoy, 16 años después, estoy convencido de que escogí la mejor opción.

No fue fácil, atrás quedaba la familia, el Ajiaco, la música de Metallica, muchos amigos con los que crecí, la ida al estadio los domingos a acompañar a la Guardia Albi Roja Sur gritando ¡Vamos, Vamos, Vamos  Santa Fe!, y muchas otras  vivencias de la ciudad.

Adaptarme a la vida en la montaña, el paludismo, los mosquitos y todos los pormenores de lo que es vivir en una selva húmeda fue algo maravilloso que me queda para toda la vida. Andar las montañas de la Colombia profunda, escuchar sus historias, caminar sus sueños, siempre acompañado de una gran familia, la fariana, y siempre con un gran hombre, mi padre, Jorge Briceño. Con ellos aprendí que solo se logran importantes objetivos cuando los sientes y se hace todo lo posible para lograrlos. Ví, sentí, las dificultades en las que vive la gente en muchas partes del país, ese rostro campesino en el cual se notan las huellas de lo difícil que ha sido la dura subsistencia en nuestro país.

En la última marcha, la que inició el 31 de enero cuando los guerrilleros y guerrilleras de las Farc- Ep empezamos a movilizarnos hacia las Zonas Veredales Transitorias de Normalización sentí alegría y nostalgia, una mezcla de todo lo vivido y todo por vivir. En ese tránsito, escuchando a Hector Lavoe de fondo y viendo la carretera asfaltada correr, recordé los rostros alegres que las guerrilleras y guerrilleros le imprimimos, aún en los momentos más difíciles, a la vida.

¡Todo por la vida!

Hemos reído y también llorado; y hoy que las expectativas están puestas en volver a esas “selva de cemento y fieras salvajes” que son las grandes ciudades, abrazo a quienes nos acompañan en esta marcha. Darle vuelta a la página de la guerra es una oportunidad no solamente para los guerrilleros y guerrilleras que dejamos todo atrás por unas condiciones de vida mejores para el pueblo, sino también para todos los  que hoy ven con gran alegría la posibilidad de vivir en una Colombia en paz con Justicia Social y la posibilidad real de que todos y todas podamos construir el futuro de las nuevas generaciones, donde la implementación de los acuerdos son el bastión fundamental.

Vivirán por siempre en mi alma y mi corazón todos estos bellos instantes compartidos durante todos estos años. En mi alma y corazón ese hombre, que es muchos hombres, invencibles en la paz: Jorge Briceño, mi papá.

La esperanza está puesta, seguimos construyéndola.

 

 

 

 

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