Construyendo economías para la paz

Peluches hipoalergénicos del mono tití en Luruaco, danza y modelaje en San Andrés y mercados campesinos en Bogotá son algunos modelos para replicar en todo el país.

paz.jpg

El diplomado “Emprendimientos sociales afrocolombianos para la construcción de paz territorial” contó con la participación de 27 proyectos. / Cortesía CNOA

En Luruaco (Atlántico), un pequeño municipio costero del norte del país, hay una organización de mujeres afrodescendientes que se dedican a proteger y preservar los últimos ejemplares del mono tití cabeciblanco que quedan en el mundo.

Además de conservar el hábitat de esta especie endémica y en vía de extinción, el proyecto Tití “busca ser una alternativa para la autosostenibilidad económica de las familias y una forma de fortalecer el tejido social, consolidar los procesos de solidaridad comunitarios y resistir ante los impactos del conflicto armado”, asegura Dora Vivanco, coordinadora de la Conferencia Nacional de Organizaciones Afrocolombianas (CNOA).

También le puede interesar: Kahai, una alternativa económica que construye paz

Ahora, las mujeres de Luruaco hacen artesanías con bolsas plásticas, basura y materiales reciclables y diseñan, producen y venden peluches hipoalergénicos con la forma del mono tití. La iniciativa, que fue uno de los 27 proyectos que participaron en el primer diplomado de “Emprendimientos sociales afrocolombianos para la construcción de paz territorial”, ha ayudado a limpiar el ecosistema y se ha convertido en símbolo de la protección y la supervivencia de la especie.

Las comunidades raizales de San Andrés, Providencia y Santa Catalina también participan en este tipo de emprendimientos. A través de la danza y el modelaje, un grupo de jóvenes de las periferias de la región insular han encontrado espacios protectores de sus derechos y alternativas de organización comunitaria para generar ingresos sostenibles y seguir estudiando.

Los emprendimientos afros para la construcción de paz territorial también han mejorado las condiciones de vida de los barrios marginales de Cali. Afronia, por ejemplo, se dedica a la elaboración y comercialización de productos naturales para el cuidado del cabello afro. Más allá del champú y los acondicionadores especiales, la iniciativa es una forma de reivindicar y empoderar la cultura ancestral. Por su parte, Kilele, organización de diseñadoras de moda y accesorios afros, se dedica a la creación de productos inspirados en las tradiciones, símbolos, creencias y música afros.

Mercados agroecológicos

“En vez de ser competencia entre nosotros, podemos cooperar”, es el principio que rige a la Red de Mercados Agroecológicos de Bogotá y Cundinamarca, una organización que agrupa a la feria agroecológica de la Universidad Minuto de Dios, al mercado agroecológico Tierra Viva, el mercado agroecológico campesino de Chapinero, Agrosolidaria Engativá, La Canasta, Sembrando Confianza, el mercado Semilla Andina, Alacena y el movimiento internacional Slow Food.

Para Adriana Chaparro, profesora de la Universidad Minuto de Dios y miembro del grupo de promotores, productores y consumidores de la red, el consumo responsable, el comercio justo, la economía solidaria, los circuitos cortos de comercializacion y la ausencia de intermediación entre productores y consumidores son algunos fundamentos compartidos que motivaron la conformación de la red.

Lea también: Chocó buisca un desarrollo sostenible

Su funcionamiento cotidiano se basa, según Chaparro, en la democracia radical. “No podemos esperar a que el Gobierno haga algo por nosotros. Decidimos tomar las riendas del asunto y no estamos a la merced de políticas públicas y presupuestos que no van a llegar”. Los resultados de esta iniciativa, que apenas lleva dos años, son esperanzadores: hay 200 fincas productoras vinculadas y cerca de 2.500 familias consumidoras que tienen acceso a más de 300 productos alimenticios frescos, ecológicos y mucho más baratos.