Hay al menos 20 países en el mundo en riesgo de genocidio

¿Cómo prevenir otro exterminio en el posconflicto colombiano?

James Waller, director académico del Instituto Auschwitz para la Paz y la Reconciliación, dice que es necesario aprender a escuchar a los guerrilleros que se desmovilicen, para entender las causas de la violencia y evitar que se repita.

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James Waller, director académico del Instituto Auschwitz para la Paz y la Reconciliación, estuvo en la Universidad Externado de Colombia.

James Waller es uno de los académicos más reconocidos internacionalmente en los estudios del holocausto y el genocidio. Es director académico del Instituto Auschwitz para la Paz y la Reconciliación. También es Profesor y Director Cohen de estudios del Holocausto y el Genocidio de la Universidad Keene State College. Estuvo en Colombia, en la Universidad Externado, para ofrecer un curso de capacitación sobre alertas tempranas para la prevención de atrocidades masivas. Su visita coincide con el ofrecimiento de perdón por parte del Estado por lo que en Colombia llamamos el genocidio de la Unión Patriótica (UP), y con su promesa de garantizar que hechos como esos no se repitan. Si no se dan las garantías suficientes, la desmovilización de las Farc en el marco del acuerdo de paz que se firmará el 26 de septiembre puede abrir la puerta a nuevos episodios de exterminio y violencia masiva. Hablamos con Waller sobre la importancia de impedir que esta situación ocurra de nuevo.

-¿Por qué venir a capacitar gente en prevención del genocidio, justo cuando miramos hacia la firma de la paz y la implementación de lo acordado con las Farc?

Originalmente no sabíamos que el referendo iba a ser semanas después del curso, pero es claro para nosotros que los acuerdos de paz son maravillosas oportunidades para que un país pueda seguir adelante, sin embargo también son tiempos de fragilidad. Los países pueden también ir para atrás depués de la firma de un acuerdo. La mayoría de los acuerdos de paz no duran más de cinco años, muchos se rompen. Por eso es importante ahora pensar con seriedad sobre la prevención de la violencia. 

-¿Por qué dice que vienen tiempos de fragilidad después del acuerdo?

Irlanda del Norte puede servir de ejemplo en este caso. Cuando uno tiene un acuerdo, puede ser que la mayoría de la pobación esté dispuesta a apoyarlo y vote por él, pero hay un sector que todavía quiere la violencia y se beneficia con la violencia. Entonces ese sector ve el acuerdo como algo perjudicial, como una razón para volverse más violento, para pensar que la paz contenida en el acuerdo no es la paz de verdad, porque se sienten excluidos por alguna razón.

-El gobierno colombiano acaba de pedir perdón por el exterminio de la Unión Patriótica. La idea es que no vuelva a sucerderle lo mismo al movimiento político que surja de la desmovilización de las Farc. ¿Cómo garantizar que eso no suceda?

En acuerdos de paz, sea en Irlanda del Norte, Uganda o Sudán, la desmovilización es la pieza más dura de implementar, porque de nuevo tienes miembros de grupos paramilitares que se quieren quedar con las armas y no quieren entrar en la sintonía de la negociación. Por lo que sé del acuerdo en Colombia, hay pasos concretos para la desmovilización. Es un proceso ordenado que tiene en cuenta las experiencias en otros países. Eso ofrece alguna esperanza, pero no elimina todos los riesgos.

-Usted ha dicho que la construcción de memoria es clave para que la guerra no se repita. El pueblo judío, por ejemplo, es muy insistente en recordar que fue victima del genocidio. ¿Cuándo esa insistencia se convierte en revictimización?¿Cómo construir memoria para poder seguir adelante pero sin revictimizar?

La memoria es una parte central de la dinámica en cualquier proceso de paz. Es posible para un país tener muy poca memoria. Se puede dibujar una linea para no recordar lo que pasó y seguir adelante. No creo que eso funcione. Y creo que también es posible que se tenga demasiada memoria, especialmente de esa clase de memoria que revictimiza, que recuerda todo el tiempo quiénes eran los buenos y quiénes los malos. Cuando esto sucede los niños que no vivieron en conflicto son revictimizados, porque la memoria les recuerda de manera frecuente que son víctimas.

Pero el problema no es tanto si es mucha o poca memoria, sino cómo la memoria es representada, si es la memoria que responde a una amplia gama de voces o a solamente una. Es peligroso si este proceso es controlado por sólo una voz, sea el Estado, un partido o una religión. Es riesgoso porque puede dividir a la sociedad. 

-¿Se necesitan entonces diferentes actores, diferentes versiones de la memoria?

Cuando queremos un rango diverso de voces para la memoria, tampoco queremos perdernos de la verdad. No se puede como en Bosnia Herzegovina, donde hay tres diferentes memorias de lo que pasó en la guerra. No podemos perder la verdad al abrirnos a diferentes construcciones de la memoria. La realidad es que la gente murió, dónde murió, en qué contexto, por qué razón, eso no se puede perder. 

A veces, en la mente de un perpetrador, la verdad no es tanto la verdad sino una justificación. Creo que la sociedad tiene que poder exigir la verdad y decirle: sólo porque usted pensó que era verdad y mató según eso, no significa que fuera verdad, es una justificación. Cuando decimos que abrimos la discusión, no es que nos abrimos a diferentes verdades. El peligro con la memoria es que cuando la gente ve que su voz no fue incluida en la construcción de la memoria, con la historia se pueden sentir marginalizados, exlcuidos, y eso puede llevar a la repetición de la violencia, si sienten que su historia nunca se escuchó.

-Vemos muchas situaciones de violencia masiva hoy en el contexto internacional. ¿Cuáles se pueden ver como procesos de genocidio?

Tenemos modelos para hacer pronóstico con factores de riesgo. Probablemente ahora hay 20 países en el mundo en riesgo de genocidio. Entre estos está Siria, Burundi, Sudán, Sudán del Sur y Birmania -que puede estar saliendo del riesgo pero ha estado allí durante años-. Son países que no solo están en riesgo, sino que allí ya se encendió la chispa y el genocidio está en curso mientras nosotros hablamos.

-¿En Siria, por ejemplo, hay alguna manera de evitar el genocidio que sea distinta a las operaciones militares?

Cuando hablamos de prevención del genocidio tenemos varias herramientas políticas, legales, economicas, y la última es la intervención militar. Cuando hemos usado todas y no funcionan, usamos la intervención militar para detener los asesinatos. Siria está en su quinto año de guerra civil. Hemos usado todas las herramientas. Ahora que tenemos un acuerdo de paz, espero que si Rusia y Estados Unidos pueden mantenerlo por algunos días, pueda haber alguna diferencia. Pero Siria es el ejemplo de donde usamos muchas herramientas y quizás la única que puede funcionar es la militar. Cuando uno usa fuerza militar en Siria, el efecto inmediato puede ser más muertes. En el largo termino uno espera estar salvando más vidas.

-Pero la intervención mlitar no ataca el nucleo del problema, que es el fundamentalismo religioso, el problema de las identidades, la incapacidad para escuchar y reonocer al otro. Eso sigue en pie e incluso se puede radicalizar con la respuesta militar...

Ese es el problema. No sólo se va a acabar un conflicto porque uno tiene mejores armas que otro, esa no es la causa del conflicto. Si no enfrentamos los problemas de las divisiones religiosas y la identidad en esa región, simplemente se va a encender el conflicto de nuevo. El problema en la región es de idenrtdad cultural y religiosa, y de territorios.

En Estados Unidos, algunos decimos que la respuesta al terrorismo puede ser peor que el mismo terrorismo. Uno puede responder de manera que le está dando publicidad gratis a los terroristas. Algunas de las respuestas de Occicdnte al terrorismo han empeorado el problema, en vez de disminuirlo.

-Muchos hablan sobre el genocidio palestino. Dicen que el pueblo judío, que fue víctima, ahora es victimario. ¿Cuál es su perspectiva?

En el conflcito israelí-palestino, para mí es menos importante poner esa clasificación del genocidio que reconocer que hay violaciones al derecho internacional, que en un contexto pueden ser crímenes de guerra, en muchos contextos crímenes contra la humanidad, en algunos casos abusos de derechos humanos a gran escala. En términos de definición, no veo un intento del gobierno israelí por acabar con la población palestina, pero eso no significa que estén haciendo algo bueno: son crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad, abusos que el resto del mundo reconoce por lo que son. 

Lo curioso es que Israel y Ruanda, que también vivió un genocidio, hacen lo mismo. Cuando uno los presiona, dicen: “acuérdense, nosotros fuimos víctimas de genocidio y nadie nos ayudó, nosotros sabemos qué es el genocidio”. O “el mundo no puede decirnos cómo manejar nuestro país, porque el mundo no nos salvó del genocidio”. Como académico, reconozco que se están cometiendo grandes crímenes contra los palestinos, y también hay algunos contra los israelíes, pero cuando la gente lo lleva a la clasificación del genocidio, es un poco más de lo que amerita. Cuando se usa el término, es más una declaración política que real. Con que haya crímenes contra la humanidad ya es suficientemente horrible, se necesita más atención del mundo y más intervención activa para proteger a la gente de sufrir en esa región.

-En Colombia tenemos el reto de aprender a reconocer a los guerrilleros como seres humanos y escucharlos. Usted ha entrevistado a más de 200 perpetradores de graves crímenes en diferentes partes del mundo. ¿Cómo aprender a escuchar y a entender a estas personas a pesar de lo que hicieron?

Es un gran reto. Uno no los va a excusar moral ni legalmente, pero tiene que entender por qué llegaron a hacer lo que hicieron, si es que uno quiere prevenir que pase lo mismo en el futuro. Si lo único que hacemos es tratar como monstruos a los guerrilleros de las Farc, si no queremos tener nada que ver con ellos sino sólo castigarlos, eso puede sentirse bien en un nivel pero no nos ayuda a entender las causas del conflicto. En el trabajo que hago con perpetradores, sostengo que tratamos de entender por qué hicieron lo que hicieron, pero eso no los exime de sus respobnsabilidades legales, morales, tienen que enfrentar lo que las cortes ordinarias o los acuerdos digan. 

La clave es ver que son tareas distintas el perdón moral y tratar de entender qué generó la violencia y la destrucción. Si uno no hace el esfuerzo, no va a saber cómo prevenirlo en el futuro. 

-¿Cómo enfrenta usted emocionalmente esas entrevistas con perpetradores?

Cuando estaba escribiendo mi libro Becoming Evil: How Ordinary People Commit Genocide and Mass Killing, mi esposa se dio cuenta de que en un punto del proceso de escritura dejé de cargar mi maletín a la casa. Esa es mi protección natural para estudiar cosas horribles y no llevarlas al hogar. Otra cosa: cuando empecé a hacer las entrevistas, odié no poder hablar el lenguaje de los perpetradores y necesitar un traductor. Pero rápidamente me dí cuenta de que el traductor era un buffer, me mantenía a distancia. Eso me permite mantener una mayor objetivivdad y quedar menos atrapado en la historia. Aún así hay cosas que escucho de perpetradores que son absolutamente perturbadoras, pero trato de recordar que lo abordo como academico y que mi papel es tratar de que eso no vuelva a suceder. Aún asi, muchos días desearía dedicarme a hacer libros para niños, algo un poco más divertido. 

Las entrevistas son especialmente perturbadoras cuando hablo con agresores de niños, porque soy padre de tres hijos. Es difícil cuando hablo con perpetradores como los de Ruanda, que mataban a los niños tirándolos de cabeza contra una pared. Todas las víctimas de genocidio son incocentes, porque el genocidio se basa en su identidad, pero en los niños la inocencia es más profunda, son los que más me perturban, especialmente si estoy cansado y extrañándo a mis hijos. 

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