Así nació el primer instituto de paz colombo-alemán

Desde la época del explorador Alexander Von Humboldt y el general Francisco de Paula Santander, estos dos países tienen relaciones de investigación científica. Ahora se unen para estudiar y aportar a la construcción de paz de Colombia, tras el acuerdo de La Habana.

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Frank-Walter Steinmeier y María Angela Holguin, durante el lanzamiento del instituto Colombo-Alemán para la Paz CAPAZ
Cristian Garavito

Desde que su país apostaba por la reunificación y las paredes del Muro de Berlín caían, en noviembre de 1989, el actual ministro de Relaciones Exteriores de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, no se sentía tan cercano y tan motivado con una posibilidad de construcción de paz como la que atraviesa Colombia. Eso dijo durante su visita a Colombia el pasado viernes. No es para menos. A ellos los separaba un muro físico. A nosotros, en cambio, nos sigue separando un muro imaginario entre el centro del país y la Colombia periférica, donde se libró el conflicto armado entre el Gobierno y las Farc que hoy, tras el Acuerdo de Paz, buscamos derrumbar.

El pasado viernes 13 de enero, el ministro Steinmeier visitó Colombia para conocer de cerca cómo es que su país va a cumplir una solicitud que quedó explícita en los acuerdos de La Habana: ayudar en la implementación del texto, sobre todo, en el tema de la Jurisdicción Especial para la Paz. “Lo hacemos con gusto”, dijo en el auditorio principal del Museo Nacional. Gesto que se tradujo ese día en el lanzamiento del primer Instituto Colombo Alemán para la Paz (Capaz).

Su objetivo: ser la principal institución académica, científica y de consultoría que busca crear un nuevo conocimiento en construcción de paz, memoria histórica, justicia transicional, prevención y transformación del conflicto colombiano.

Pare estudiar y apoyar la implementación de la Justicia Especial para la Paz y la construcción de paz en los territorios, serán destinados 400 mil euros anuales. El período de ejecución será de 10 años y estará orientado por un consorcio de cinco universidades alemanas y cinco colombianas.

Por parte de Alemania las instituciones que participan son: Justus-Liebig-Universität de Giessen, como líder; la Georg-August-Universität de Göttingen; la Freie Universität de Berlín, desde el Instituto de Estudios Latinoamericanos, y el Instituto de Investigación sobre Paz de Frankfurt. Un socio adicional es la clínica de medicina psicosomática y psicoterapia de la Albert-Ludwigs-Universität de Freiburg.

Del lado de Colombia, Capaz estará rodeado de la Alianza de Universidades por la Paz, en la que están la Universidad del Rosario, la Universidad Pontificia Javeriana, la Universidad Externado y la Universidad de los Andes, bajo el liderazgo de la Universidad Nacional.

“Alemania ha tenido la experiencia particular de cómo acortar distancias en la sociedad, fruto de la injusticia, la violencia y la opresión durante la dictadura nazi y la división alemana. No hay una receta mágica para el trato de la historia propia, para el trabajo de memoria, pero bien es posible que nuestras experiencias puedan ayudar en la medida en que Colombia busque su propio camino. A partir de esta lógica surgió el Instituto Colombo Alemán para la Paz (Capaz)”, dijo el ministro Steinmeier.

Y aunque la delegación del Gobierno alemán, que participó en el evento y ha seguido de cerca el proceso de paz (a través de su enviado especial, Tom Koenigs) insiste en que no tienen la fórmula mágica para implementar los acuerdos en Colombia, el exministro de Justicia Yesid Reyes cree en el valor de sus aportes para el país.

Reyes dijo, durante el conversatorio que desarrolló Colombia 2020 en el lanzamiento del instituto Capaz, que solo el hecho de que Alemania haya reunificado y sacado adelante a su país en dos oportunidades es muestra de esa capacidad.

La génesis de Capaz

Fueron Alexander Von Humboldt, su hermano y el general Francisco de Paula Santander, en el siglo XIX, los que trajeron al país por primera vez la idea de una alianza entre Alemania y Colombia a través de universidades laicas. Fruto de ese intercambio y de la influencia alemana, en 1867 nació la Universidad Nacional de Colombia, que ha contado con el apoyo del país centroeuropeo a través de expediciones botánicas.

La relación entre Alemania y Colombia se fortaleció aún más cuando se desarrollaron, con apoyo de la Universidad Nacional, investigaciones en física, química y matemáticas aplicadas. Esto desembocó en la creación, en 1960, del Departamento de Física de esa universidad. Entonces, la misión alemana que vino al país a ese acontecimiento donó laboratorios y becas para que profesores se formaran en universidades externas en áreas como física, química, matemáticas y biología.

El actual rector de la Universidad Nacional, Ignacio Mantilla, fue uno de los becarios. Cursó su doctorado en Matemáticas en Alemania. “Muchas veces son más importantes las relaciones con las personas que los convenios y las firmas de documentos. Gracias al conocimiento mutuo hay confianza para tratar temas académicos entre los dos países”, comentó Mantilla en la inauguración de Capaz.

Las relaciones a las que se refiere Mantilla tienen historia detrás. Hace dos años, cuando Alemania designó al parlamentario Tom Koenigs como enviado especial para el proceso de paz que se negociaba en La Habana, el rector de la Nacional habló con Koenigs y este le manifestó el interés de su Gobierno en contribuir al proceso desde un ángulo distinto al político. “Querían apostar por un centro de investigación y práctica en temas de paz”. Luego, fue la primera visita del ministro de Relaciones Exteriores, quien en febrero de 2015, guiado por el embajador de Colombia en Alemania, Juan Mayr, visitó a los indígenas koguis. Fruto de ese y otros intercambios nació el Centro de Estudios de Ciencias del Mar, proyecto en el que confluyen las universidades Nacional, Jorge Tadeo Lozano y de Antioquia.

A finales de 2016, el Ministerio de Relaciones Exteriores asignó recursos y el Servicio Alemán de Intercambio Académico (DAAD, por sus siglas en alemán) hizo una convocatoria abierta para elegir cinco universidades alemanas y cinco colombianas que lideraran el consorcio.

Las universidades colombianas también hacen parte de la Alianza de Universidades por la Paz, una organización que se creó hace tres años para apoyar el proceso con las Farc. Esos centros de pensamiento han ayudado en diferentes componentes del acuerdo. Por ejemplo, el rector de la Universidad Externado, el exmagistrado Juan Carlos Henao, estuvo en La Habana asesorando al Gobierno en el tema de Justicia Transicional.

En el caso de la Universidad Nacional, es la única institución a la que las partes le asignaron la tarea de hacer el censo de los guerrilleros de las Farc. Así como ha sido la encargada de los foros académicos para compilar aportes de la sociedad civil al proceso de La Habana. Además, seleccionó a los representantes de las víctimas que participaron en la mesa de negociaciones. “La Nacional genera confianza tanto en el Gobierno como en la guerrilla”, aseguró Mantilla.

La idea es que las universidades que integran el consorcio aporten su experiencia y el trabajo de profesores que han dedicado su vida académica a investigar temas de no-violencia, justicia transicional, pedagogía de paz y derechos de la tierra. Por eso, pondrán a disposición del Instituto los programas de maestría y doctorado ya existentes para construir a partir de ellos líneas de investigación.

Por su parte, el Instituto tendrá investigadores alemanes trabajando en el país y haciendo publicaciones conjuntas con los académicos colombianos. Asimismo, los centros también tendrán la posibilidad de ofrecerles a sus estudiantes de posgrado una gama más amplia de estudios sobre paz, a través del DAAD.

El plan a futuro

Hasta el momento existen 150 asociaciones universitarias, entre Alemania y Colombia, dedicadas a la investigación científica. De este instituto, los primeros proyectos piloto se pondrán en práctica a principios de marzo, no solo en Bogotá, sino integrando a las regiones más apartadas y azotadas por el conflicto. “Ya se acordó, por ejemplo, trabajar sobre las perspectivas económicas de la agricultura sostenible en las regiones donde se vivió la guerra”, dijo el ministro Steinmeier.

“Por el momento el Instituto no tiene una sede física, ni un director. No queremos tener unos elefantes blancos inútiles. Todo va a girar en torno a los proyectos académicos”, aseguró Mantilla. Ese es un gran reto para la academia: usar bien los recursos disponibles, pues hasta el momento solo el Gobierno alemán está financiando la iniciativa. A futuro, los científicos esperan que Colciencias también se involucre.

Igualmente, el Instituto tendrá una plataforma virtual donde estudiantes de maestrías y doctorados podrán encontrar líneas de investigación. Hay tres aspectos en los que se trabajará de forma simultánea. El primero es una investigación conjunta (entre estudiantes colombianos y alemanes) sobre los problemas que se están discutiendo en este momento: Justicia Transicional, pedagogía de reconciliación y reforma agraria, entre otros.

La segunda parte es la enseñanza. Los estudiantes entrarán a la plataforma creada por el consorcio y encontrarán proyectos que pueden investigar y experiencias que pueden usar en la maestría o doctorado que ya cursan. Todas las universidades que hacen parte del consorcio tienen maestrías relacionadas con la construcción de paz y cuando participen en los proyectos tendrán experiencia en investigación científica y trabajo de campo en las regiones.

El tercer aspecto son los intercambios académicos. Sobre este tema, Joybrato Mukherjee, vicepresidente del DAAD, dice que lo más importante es que “los científicos que participen no estarán en una torre de marfil por encima de la realidad. Los proyectos deberán tener un efecto político y social”.

En este momento el DAAD ofrece becas a 120.000 personas personas de diferentes partes del mundo. Aproximadamente 1.000 de esas personas son colombianos que van a Alemania y 400 son alemanes que vienen al país. “Esperamos que con el Instituto las cifras aumenten, porque más estudiantes verán a Colombia como un sujeto de estudio interesante y viceversa”, dice Mukherjee.

Dependiendo del éxito, el proyecto puede tener hasta 10 años de financiación por parte del Gobierno alemán. “Dentro de tres años evaluaremos el desempeño y decidiremos la financiación para los próximos tres o cuatro años”. Mientras tanto, la visión del consorcio es conseguir financiación pública o privada para proyectos específicos del Instituto”, sostuvo Mukherjee.

Por lo pronto, la creación del instituto Capaz es una buena noticia que se suma a las oportunidades que el país tiene tras la firma del acuerdo. Habrá que ver cómo se aprovecha de la mejor forma, porque “el país no puede seguir resolviendo todo de manera desacertada y empírica”, como dice Mantilla.