Andrés Gil: Marcha Patriótica ve como aliados a la clase política que no es afín a la corrupción

El vocero de este movimiento político cree que hoy deben ser capaces de dirigirse a otros sectores sociales en un tono menos confrontador. Según él, la izquierda necesita nuevos repertorios que no solo incluyan exigencias sino también propuestas.

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Andrés Gil es uno de los líderes del movimiento político Marcha Patriótica.
Mauricio Alvarado.

Andrés Gil ha estado vinculado a diferentes movimientos sociales desde que tenía 20 años. Fue uno de los fundadores, en 1996, de la Asociación Campesina del Valle del Río Cimitarra (Acvc), una de las primeras zonas de reserva campesina en el país. Hoy es uno de los líderes del movimiento rural colombiano y también hace parte de Marcha Patriótica.

Andrés pasa muy poco tiempo en la sede de Marcha Patriótica en Bogotá. Su trabajo está en las regiones. Junto con otros líderes, ha impulsado organizaciones políticas y sociales campesinas en 30 de los 32 departamentos de Colombia.  “No hay acción del movimiento social en el país en la que Marcha no esté presente”, sostiene orgulloso. Pero cuando está en la sede, decorada con fotos Chávez y letreros que dicen “la salida está por la izquierda”, aprovecha para organizar una nueva estrategia de comunicación que le permita al movimiento romper las barreras que han existido históricamente entre lo urbano y lo rural y entre el Gobierno central y las organizaciones locales. El reto, afirma, es disminuir la distancia entre las propuestas de los partidos políticos y la cotidianidad de los campesinos.

¿Cuáles son los cambios internos que ha vivido Marcha en los últimos dos años?

Queremos darle fuerza al movimiento social para que dé el salto a movimiento político y que participe con fuerza en lo electoral. El movimiento social en Colombia tiene dificultades para traducir su lucha, sus propuestas, en banderas electorales. Nos hemos dado la tarea de aprovechar este momento histórico en el que hay un Estado que acepta la interlocución y que abre canales para que las agendas de este movimiento se puedan concretar.

Hemos mejorado el trabajo con sectores indígenas, afrodescendientes y campesinos. También hemos creado procesos con mujeres y jóvenes. Nos pusimos la meta de fortalecernos en el trabajo urbano. Estamos presentes en 30 departamentos y tenemos más de 12 sectores sociales activos. 

¿Y qué banderas políticas específicas retomaría Marcha Patriótica en este momento de posacuerdo?

Vemos en lo pactado en La Habana oportunidades importantes para el sector rural. Aunque no representamos solo el sector campesino, sí nos identificamos con mucha fuerza en esta parte del país y sabemos que ahí está la génesis del conflicto y por lo tanto también es un factor muy importante para cerrar ciclos de violencia. Es vital llevar bienestar material a las zonas rurales en Colombia y esa será una de nuestras prioridades.

Debemos generar en la comunidad la convicción de que en lo público participamos todos. Una noción que se ha perdido por los altos índices de corrupción. El tema de la degeneración de muchas entidades públicas y privadas no es exclusivo de las zonas periféricas. En la última encuesta de la Andi, los empresarios también expresaron que la ciudadanía ha normalizado la corrupción.

Otra línea importante es la sustitución de cultivos de uso ilícito ya que el acuerdo ve por primera vez al campesinado como un aliado en este proceso. El campesinado tiene propuestas para materializar este punto.

¿Cómo acabar con el divorcio entre lo urbano y lo rural?

Esa es una relación que genera más inequidades. Las regiones deben tener un papel importante en el desarrollo del país. Deben poder diseñar, construir y liderar las iniciativas concretas que logren que el desarrollo rural no dependa de las élites regionales y centrales.

Por ejemplo, ¿en lo medio ambiental?

Sí, ya lo vienen haciendo. En el Magdalena Medio, en el valle del rio Cimitarra, los colonos decidieron proteger 180.000 hectáreas. Hace poco un estudio que hicieron con Parques Nacionales Naturales constató que, gracias a esa iniciativa, lograron proteger decenas de especies que el país no conocía, algunas en vía de extinción, y cientos de fuentes de agua. Ese es solo un ejemplo. Son muchos proyectos como este que los medios no cubren.

La idea es enlazar el proyecto rural con el urbano y nuestra estrategia para lograrlo es mostrando los puntos de encuentro. Por ejemplo, el campo alimenta la ciudad. Partiendo de esa idea podemos hacernos preguntas ¿Cómo hacer para que los alimentos sean más baratos y al mismo tiempo se mejore la calidad de vida de los campesinos? ¿Cómo hacemos para que el campo no sea visto como un lugar para ver paisajes sino como un aspecto integral de la economía del país? Partiendo de esa idea se puede explicar la importancia de la soberanía y seguridad alimentaria y así lograr un encuentro con el mundo rural.  También se pueden crear mensajes a partir de nuestro folclor y cultura, que tiene sus raíces en el campo. Eso ayudaría a rescatar la identidad de una Colombia unida.

¿Cómo ven ustedes a los jóvenes colombianos?

Hay un despliegue de liderazgo juvenil muy interesante. Tiene más fuerza en las ciudades, pero cada vez hay más participación política por todo el país. Se ve en las redes sociales que se preocupan por el país y tienen la idea de cambiarlo. El reto ahora es darles espacios para que esas iniciativas no se queden solo en las redes sociales sino que lleguen a los lugares donde se toman las decisiones.  Falta un proyecto de país que haga que la juventud se pueda desplegar en la política, en el proyecto de sociedad.

¿Qué estrategia tienen para llegar a ellos?

Conectándonos con los temas que les interesan. Veo que a las organizaciones juveniles les interesa mucho la educación pública. También ven una oportunidad en la desmilitarización del país. Tenemos 300.000 jóvenes que participan cada año en las Fuerzas Armadas y dotar a cada uno de ellos cuesta $14 millones anualmente. Pero en un escenario de paz esos jóvenes no tendrían que ir a la guerra y ese dinero se podría invertir en educación. Esas luchas van dando resultados, no tienen los impactos de una candidatura política, pero se ven las transformaciones poco a poco. Eso en cualquier momento puede potenciarse.

¿Y qué piensa que deben cambiar los movimientos sociales como Marcha Patriótica para tener una comunicación más asertiva?

En el proceso de reinvidicar derechos debemos admitir que adoptamos un lenguaje contundente y brusco. Nos ha tocado reclamar derechos básicos por muchos años, sentarnos a negociar con el Gobierno y hay cientos de acuerdos incumplidos. Pero ahora debemos encontrar una fórmula para que nuestra comunicación demuestre que tenemos una serie de propuestas viables.

Debemos dar a entender que vemos la clase política que no es afín a la corrupción como aliados. Debemos ser capaces de dirigirnos a otros sectores de la sociedad en un tono de reconciliación. Tenemos que salir con un nuevo rostro y cambiar los repertorios que hemos tenido hasta ahora para que junto con las exigencias demos propuestas. Debemos usar herramientas culturales para comunicarnos con el resto del país. Promover la idea de que, como le vamos a apostar al Estado  busquemos en él las soluciones que necesitamos. Hay que demostrar que la ampliación de la democracia les sirve a todos los partidos políticos.

¿Qué cree que debe hacer la izquierda colombiana en este escenario de posacuerdo?

Necesitamos hablar menos de ideologías y más de estrategias para superar retos específicos. La gente no quiere un paraíso utópico de un futuro lejano, quiere soluciones ya. Una forma de renovar el discurso es enfocarse en la solución de los problemas inmediatos para que así la gente vuelva a creer que la política se hace por el bien público. Eso también implica fortalecer los controles externos de los partidos pero más aún con los controles éticos internos que den cuenta a la ciudadanía del manejo de los recursos.