Yo soy Yuliana

Las mujeres en este país hemos sido doblemente violentadas, somos madres de los hombres que han dejado su sangre en esta guerra y somos objeto directo de la violencia; sobre todo cuando nos atrevemos a ser diferentes, a salir a la calle, a hacer valer nuestros derechos a cantar la verdad en los ojos del victimario.

Yuliana preciosa, estas palabras son escritas para ti aunque tus oídos nunca las vayan a escuchar. Estamos todos conmovidos por esta terrible situación, no cabe en nuestras cabezas la posibilidad de que un hombre haga algo así a una niña, a un ser pleno de inocencia, a una mujer. Yo soy Yuliana, es el clamor de las calles capitalinas, yo soy Yuliana porque estoy en ti y tu estás es todas nosotras. Estamos cansadas de vivir con miedo, cansadas de vivir en la paranoia que significa temer que nosotras o nuestras hijas seremos víctimas de agresiones solo por el hecho de ser mujeres y estamos cansadas por la lentitud de los procesos de justicia y por eso hoy tu muerte revuelca en nuestro corazón este sentimiento de impotencia y miedo frente a tanta crueldad.

Las mujeres en este país hemos sido doblemente violentadas, somos madres de los hombres que han dejado su sangre en esta guerra y somos objeto directo de la violencia; sobre todo cuando nos atrevemos a ser diferentes, a salir a la calle, a hacer valer nuestros derechos a cantar la verdad en los ojos del victimario. Esto que te pasó, en parte, ha sido un legado de la guerra. En esta guerra de 50 años en la que las diferencias de clases sociales han aumentado y en la que nuestro patrimonio económico como país ha estado destinado a comprar armas y uniformes de dotación para combatir un enemigo vestido de camuflado y botas, hemos descuidado otros enemigos que hoy te llevaron a la muerte.

Estos enemigos se reflejan en los ojos de tu agresor. El consumo de drogas que va en aumento y - que toca con sus dedos la inocencia de nuestros niños y adolescentes y que ha estado descuidado porque no hay dinero que alcance para matar y cultivar la vida al mismo tiempo. Otro enemigo es el cáncer de la corrupción que pulula cuando nuestras mentes están ocupadas en defenderse y no pueden dedicar tiempos y esfuerzos a la veeduría de nuestro patrimonio y al buen desarrollo de los procesos de justicia. Un enemigo más que nos ha legado este conflicto es la destrucción del tejido social, de esa fuerza comunitaria que ha debido protegerte, pues se ha destruido por que en nuestros corazones esta guerra  ha sembrado  indiferencia y desconfianza.

Te vas a los 7 años, una edad en que los niños comienzan a saber quiénes son los otros, cuáles son sus intenciones y si pueden o no confiar en el mundo. Seguramente fue tu inocencia la que te llevó a acercarte a tu agresor y él como una fiera rapaz aprovechó el momento. Yuliana nada de esto tiene que ver contigo directamente, no fuiste tú quien generó esta agresión eres una víctima más. Te pido perdón por no haber sido capaz de construir una sociedad que asegure que puedes salir a la calle a jugar sin temor a que algo malo te pase.

Tu muerte debe ser para todos nosotros hombres y mujeres colombianos, una alarma que suene en nuestras mentes permanentemente. Tu partida no puede ser un hecho castigado y olvidado. El que tu agresor vaya a la cárcel 60 años o que se ejerza presión para cambiar nuestras leyes y permitir la pena de muerte para violadores, no pueden ser las únicas respuestas que recibas. Necesitamos trabajar juntos en la construcción de este tejido social, entender que nuestros niños son nuestro futuro, pero no como una frase de cajón. Debemos concebirlos como la oportunidad de cambiar la historia, de promover la verdad, la bondad, el cuidado por el otro y dirigir nuestros recursos humanos para hacerle frente a la crueldad y a la maldad lo cual se verá reflejado en nuestra capacidad de amar y de respetar la vida y seguramente en los ojos de tu agresor también.

Paz en tu tumba Yuliana, que Popayán te reciba con el amor que sabemos esa tierra es capaz de brindar y que tu lecho de muerte se cubra de rosas de bondad y misericordia. Gracias por venir a darnos la oportunidad de vivir.

*Escrita por Neila Díaz, directora de la Especialización en Psicología Educativa

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