Uno llega rebelde, pero es importante dejarse guiar

Una vez un joven desvinculado de los paramilitares me dijo que tenía muchas ganas de ser voluntario y de apoyar las labores del Estado en la recepción de niños y niñas que iban a ser entregados por las Farc. 

Según él, sentía que su experiencia de vida le daba más autoridad que la de cualquier funcionario, con todos sus títulos, y que le gustaría inspirar a quienes estaban por iniciar una ruta que, más que camino de rosas, estaba plagada de obstáculos. 

Sobre esto conversé, en distintas oportunidades, con varios hombres y mujeres jóvenes desvinculados de grupos armados, y todos ellos coincidían en que esta era una buena idea. Varios, al ingresar siendo menores de edad al programa de Bienestar Familiar, sintieron que no los entendían como personas, muchas de las decisiones que se tomaban sobre ellos no se las consultaban (algunos, por ejemplo, fueron trasladados de una región a otra sin saberlo), y que en el afán de protegerlos, aunque hubieran tenido responsabilidades y diversos rangos al interior de los grupos, los programas los anulaban.

El sistema quería ‘devolverles una infancia’ que, mal que bien ya habían tenido y, en consecuencia, les negaban sus saberes, destrezas y experiencias.

En este mes de febrero, en el que no solo se conmemora el Día de la Mano Roja (domingo 12, en el que se hace un llamado a detener los reclutamientos y los múltiples usos de personas menores de edad por los grupos armados en el mundo), sino en el que también las Farc anunciaron la entrega de 50 niños y niñas de sus filas, esta columna espera contribuir a este proceso compartiendo las reflexiones de uno de esos jóvenes desvinculados. 

Alberto*, si bien no hizo parte del proceso de desmovilización colectiva de los paramilitares (se les escapó antes), sí fue atendido por el Programa de Atención Especializada a Niños, Niñas y Adolescentes Desvinculados del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) y luego hizo el tránsito obligatorio a la Agencia Colombiana para la Reintegración, una vez cumplió los 18 años. A continuación, sus recomendaciones.

Sobre el paso por el ICBF
A los niños y niñas que van a salir de las Farc, “solo me queda decirles que aprovechen la estadía dentro del Icbf. Hay que aprovechar ese momento de transición dentro del Instituto, porque ahí le prestan a uno toda la ayuda psicosocial. Muchas veces uno no mide las consecuencias de estar dentro del Instituto, en donde le ofrecen a uno todas las condiciones para sobrepasar ese rompimiento del grupo armado a la sociedad civil, y muchas veces uno comete el error de pedir o de exigir que lo reintegren al núcleo familiar y ese es uno de los errores más grandes. Cuando no hay un proceso de rompimiento de un grupo armado a la familia, uno encuentra muchos obstáculos dentro del núcleo familiar y es muy difícil superar eso después”. 

Sobre el reencuentro familiar
“Es prudente darse un tiempo dentro del instituto, aunque vale resaltar que el encuentro familiar, dentro del ICBF, debe darse rápido. Cuando uno llega, lo primero que quiere es tener contacto con la familia y sentir ese calor de hogar. Lo primordial es un encuentro y esperar que el proceso siga y comenzar uno a estudiar. También creo que el estudio es muy importante, porque ayuda a superar ese obstáculo del rompimiento de la salida del grupo a la vida civil”. 

“Si el niño o la niña toma la decisión de reintegrarse rápido al núcleo familiar, le recomiendo que pida el acompañamiento del Icbf y que se haga un acompañamiento no solo a él o a ella sino a la familia. Muchas veces cuando uno llega al núcleo familiar se encuentra con muchas barreras y obstáculos que no entiende, y los únicos que le pueden ayudar a uno son los psicosociales (trabajadores sociales, psicólogos)”. 

Aprovechar las oportunidades
“Mi consejo a estos muchachos es que aprovechen la oportunidad de lo que ofrece el Estado que es el estudio, el poder vincularse laboralmente a las diferentes instituciones. Creo que también es muy importante dejarse uno guiar. Uno muchas veces llega rebelde, pero es importante dejarse guiar para poder hacer uno lo que uno quiere. A veces lo que uno impone, no resulta. Es bueno dejarse guiar y escoger lo que a uno le gusta”. 

Por último, Alberto hace un llamado a las instituciones del Estado a cargo de la reintegración, para que cuando llegue la hora del tránsito de las personas menores de edad a la ACR, al cumplir los 18 años, este proceso sea más acompañado. “Ese paso al proceso de reintegración para mayores esta muy vacío y no hay un empalme de seguimiento y lo reciben a uno como uno más, ya como adulto, y se debería tener un empalme mejor para poder uno comprender el proceso de reintegración que se le viene en el proceso de los mayores”. 

*Nombre cambiado para proteger la identidad de la fuente.