Re-conocer a las Farc: una oportunidad de compromiso ciudadano con la paz

La proximidad que conduce al re-conocimiento de las Farc permite sentir la paz como propia, algo vital que no podemos ignorar o evadir.

Por: Juan Sebastián Silva Serna*

Más que la guerra y los distintos procesos de paz, la implementación de lo pactado entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y las Farc se convirtió en la oportunidad para conocer (o mejor re-conocer) a esta organización guerrillera por medio de lo que parecía improbable hace no muchos años: la conversación directa.

Ahora escuchamos más allá de las declaraciones en papel firmadas por el Secretariado o de los discursos de los líderes guerrilleros desde las montañas de Colombia, los re-conocemos por medio de la música, los foros académicos, las entrevistas en medios de comunicación y las visitas a las Zonas Veredales Transitorias de Normalización en esas mismas montañas. De este modo, la sociedad y la guerrilla se acercan sin mayores intermediaciones, en un proceso que gira alrededor de superar estereotipos y entablar diálogos en función de la consolidación de la paz.

Se trata de conocer y escuchar a una organización guerrillera en su propio lenguaje, en sus propias perspectivas del mundo. Fácilmente, y sin ápice de ingenuidad de quien escucha, es muy probable que se rompa y diluya la tan repetida frase: “las Farc tenían buenos ideales, pero se perdieron en el camino”. Sin importar si se coincide o no con sus postulados políticos, escuchar a los guerrilleros farianos sirve para resquebrajar los moldes y las preconcepciones que, como señaló recientemente Michael Reed Hurtado en una columna de opinión de El Colombiano, tenían como objetivo verlos “pudriéndose en la cárcel, o –mejor– muertos”.

Hace unos días, en una de las zonas de concentración, se presentó un diálogo espontáneo, más allá de la academia y el activismo por la paz: doña Blanca, la conductora de una van que transportó a un grupo de visitantes, se sentó (por su cuenta) durante un par de horas a conversar con los guerrilleros. Después de la charla se produjo un cambio, pues encontró en ellos a personas iguales a cualquier otro colombiano, dispuestas a resolver inquietudes, con sueños y apuestas, pero sobre todo con la esperanza depositada en la paz. La proximidad entre desconocidos facilitó el despertar de la empatía.

Sin embargo, también se evidencian reticencias, sobre todo cuando las Farc expresan sus fundamentos, objetivos y visiones de lo político. Colombianos de todos los colores políticos (incluidos aquellos que se consideran como progresistas) se sienten incómodos, pareciera como si solo quisiéramos verlos hablando sobre cómo va la paz, de su vida cotidiana en la guerrilla o tuviéramos en el ADN una dosis de micro-anticomunismo, sin dar espacio debates frente a acuerdos y desacuerdos ideológicos y políticos.

Este es un reto para el re-conocimiento de los farianos, para materializar que la paz significa hoy, entre muchas otras cosas, la profundización de la democracia y el ejercicio de la política sin armas. Por lo tanto, producir una apertura en nuestra propia cultura política es uno de los caminos para superar la exclusión política en Colombia, como elemento asociado con la existencia y continuidad del conflicto armado.

Otro reto de re-conocer a las Farc está relacionado con la praxis. Aunque la conversación directa con la guerrilla produce transformaciones personales, es un imperativo transformar el enfriamiento luego de las marchas desencadenadas por la derrota del Sí el 22 de octubre; por ejemplo, humanizar a los guerrilleros debido a una visita a alguna Zona Veredal es insuficiente si no se genera un actuar comprometido con la defensa de los Acuerdos y su blindaje, al menos social, ante la amenaza manifiesta de volverlos “trizas”. Estos acuerdos, no lo olvidemos, salvan vidas, modernizan el campo, garantizan justicia y verdad a las víctimas y enriquecen la democracia

En todo caso, la proximidad que conduce al re-conocimiento de las Farc permite sentir la paz como propia, algo vital que no podemos ignorar o evadir. La humanidad de ese otro, la que nos costó aceptar durante la guerra y que hoy desprendemos de lo político, nos compromete con evitar que la confrontación violenta regrese.

*Profesor de la Especialización en Resolución de Conflictos de la Pontificia Universidad Javeriana