Muchas formas de exclusión y un solo antídoto: la conversación

Un país que avanza hacia la paz tiene que empezar a transformar los comportamientos excluyentes que generan rencores y conflictos. ¿Cómo reducir esas manifestaciones de segregación? ¿Qué podemos hacer desde nuestra cotidianidad para ser menos excluyentes?

La exclusión tiene muchas raíces, pero tal vez la central es el prejuicio que se manifiesta en miedo. Alejamos a los demás porque nos producen temor. El rico aparta al pobre, porque teme que lo robe. El sano aleja al enfermo, por miedo al contagio. Los que vienen de afuera, los inmigrantes, producen temor porque nos pueden quitar el empleo. Los de la ideología dominante tienen susto frente a aquellos que piensan distinto y por eso fomentan el rechazo y el odio. E igual sucede con el género, el color de piel, la discapacidad o con los que no pertenecen a “nuestra tribu”.

El poder de la conversación reside en que logra unir al que excluye con el excluido, y los pone al mismo nivel. La palabra los iguala y las reglas básicas de la conversación (respetar, escuchar, no juzgar) les permiten comunicarse. Cuando uno comienza a “ponerse en los zapatos del otro”, a entender su posición en el mundo, el prejuicio se deshace y el miedo se empieza a diluir.

¿Y por qué no se solucionan esos conflictos conversando? La respuesta es tan sencilla como preocupante: Los colombianos no sabemos conversar. Conversar no es sentarse a ver un partido con los amigos y comentar. Conversar no es pedir perdón sin escuchar al ofendido. Conversar no es “rajar” de los “otros” cuando estamos en un grupo. Conversar es compartir posiciones diferentes; con respeto al discurso del otro, escuchando con atención, sin el ánimo de juzgar y con la intención de comprender. La conversación poderosa tiene unas reglas claras y hay que usarlas para que realmente sea una experiencia transformadora. Mientras la exclusión propone como regla conservar su distancia, nuestra propuesta es conversar la distancia…

Conversar un tema es ponerlo a rodar, darle dinámica, ponerle un lugar, dotarlo de sentido: Si conversamos sobre la exclusión lo suficiente para comprenderla, seremos capaces de prevenirla, de generar nuevas situaciones alrededor de ella. Si conversamos sobre inclusión lograremos la inclusión.

Que cada quien analice sus prejuicios libremente, los contraste ante nuevas ideas y de manera libre decida si los trabaja o los mantiene. Si ya conoce la información, ha oído argumentos y decide mantenerse, es una opción respetable, no se trata de cambiar de opinión por seguir la corriente, se trata del poder de la conversación: racionalizar, imaginar, abstraer, afianzar o crear sin eliminar la diferencia.

El reto es proponerle al sistema educativo que adopte la conversación cómo herramienta clave y concreta para el fortalecimiento de las culturas de paz. Que los estudiantes en cualquier etapa puedan conversar frente a temas como el matoneo, la discriminación sexual, el racismo y el conflicto colombiano desde todos los puntos de vista sin temor, sin tapujos, confrontando hechos y creencias. No con el ánimo de ganar, sino de entender. El fomento de esta conducta será el antídoto más poderoso contra la exclusión y uno muy importante para la no repetición.

El otro espacio donde pasamos gran parte de nuestro tiempo es el trabajo; la empresa. Discriminación por género, matoneo sexual, las “roscas”, los chismes malintencionados y los estereotipos son formas de exclusión al interior de una empresa.

Hoy en día, el tema ha tomado relevancia y las grandes compañías del mundo están aplicando el índice D&I (Diversidad e Inclusión) para medir el valor y la rentabilidad de su actividad. No se trata solo de cumplir con la cuota de diversidad (sexual, racial, por discapacidad o por personalidad) al interior de una compañía, sino de potenciar esa diversidad para producir mejores productos y servicios. Lo que se busca es demostrar que la inclusión, puede ser también la mejor decisión de negocios.

¿Cuántas empresas en Colombia se acogen al índice D & I? ¿Cuántas hacen uso de la conversación significativa para solucionar manifestaciones de exclusión al interior de su organización?

No excluyas, mejor Conversa es un paso para llevar el poder de conversación del campo político y social, a la vida cotidiana. La paz no solo se construye en el campo o en las zonas veredales. Es hora de aprovechar en las instituciones educativas y en las empresas, ese eficaz antídoto contra uno de los grandes males de la sociedad colombiana: la exclusión. 

María Alejandra Villamizar es directora de la Conversación más grande del mundo.