Misión Miraflores: unidos por una prosperidad que permanezca

En uno de los territorios donde el fantasma de la guerra asustaba a los pobladores, se están tejiendo alianzas entre las autoridades nacionales y locales para superar de una vezy para siempre todos los males que la violencia trajo a Colombia.

Por: Karen González Abril, funcionaria Consejería Presidencial para los Derechos Humanos 

Por los cielos del Guaviare siguen surcando los DC-3, aeronaves de la década de los 30 que bien podrían ser una joya de museo, pero por su robustez, su fuerza, su capacidad única para aterrizar en cualquier potrero, se resisten a morir. En esta ocasión, este ‘abuelo del aire’ alza vuelo para llevar a Miraflores a la comitiva más grande de funcionarios del Gobierno Nacional jamás vista en este territorio.

La misión: prevenir la vulneración de los derechos de niños, niñas y adolescentes y trabajar de la mano de las autoridades locales para protegerlos contra el reclutamiento, la utilización y la violencia sexual por parte de los grupos armados organizados al margen de la ley y por grupos delictivos organizados.

A medida que el viaje avanza, los representantes de programas de la Presidencia de la República como la Consejería para los Derechos Humanos, la Dirección para la Acción Integral contra Minas Antipersonal y Colombia Joven; de los ministerios del Interior, de Educación y Defensa, de Prosperidad Social, de Bienestar Familiar, de la Unidad para las Víctimas, de la Agencia Colombiana para la Reintegración, pueden observar bajo sus pies un terreno extenso lleno de árboles y atravesado por gigantescos ríos lechosos, que se extiende más allá del horizonte.

De repente, en medio de esa selva profunda, aparece casi de la nada una pista de tierra roja que atraviesa de lado a lado un pequeño poblado de casas de madera y techos de zinc. El DC-3 aterriza y es imposible no relacionarlo con la Segunda Guerra Mundial cuando fue utilizado para transportar heridos, armamento, víveres y tropas.

En ese mismo tiempo nació Miraflores como resultado de la primera bonanza del caucho. Fue la Rubber Company quien empezó a utilizar este territorio para almacenamiento de esta materia prima y abastecimiento de remesas, originando un asentamiento humano de trabajadores, tanto de colonos como de esclavos indígenas, incluidos algunos provenientes de Perú y de Brasil.

A esta bonanza le siguieron la depresión económica y un segundo auge del caucho que terminó con el final de la guerra mundial, y que dejó en Miraflores mayor ocupación del territorio y más pobreza. Después llegó la bonanza de las pieles que, aunque breve, acabó con buena parte de los recursos naturales. Y luego se convirtió en el ‘paraíso’ de la coca.

Si en algún lugar se comprueba como el narcotráfico creó prototipos de vida muy desafortunados es en Miraflores. Hoy en el olvido y carcomida por el tiempo se encuentra la discoteca giratoria Sodoma y las historias de prostitución, de jóvenes que perdieron el honor y la vida bajo la consigna del dinero fácil y de la corrupción del Estado, que se convirtieron en combustible del conflicto armado.

Como en muchos lugares de Colombia, primero llegó la guerrilla y luego los paramilitares y, como resultado de los enfrentamientos por el control de territorio, ocurrieron violentos ataques como el realizado por las Farc el 3 de agosto de 1998, que destruyó la base antinarcóticos de la Policía Nacional y dejó 16 muertos, entre ellos tres civiles.

Miraflores es ahora diferente
En este doloroso vaivén entre la bonanza y la pobreza, Miraflores ha entendido que su destino no puede seguir siendo el de las ilusiones pasajeras y la violencia. Por eso, con la mirada puesta en los niños, las niñas y los jóvenes, hoy quieren construir un futuro digno de la mano del Gobierno Nacional. Saben que la presencia de las disidencias del Frente Primero de las Farc representa un gran desafío, pero no quieren que se repita la historia y se escape de sus manos la oportunidad de paz más grande que ha tenido Colombia en los últimos 50 años.

Por eso, durante la Misión Miraflores los delegados nacionales realizan capacitaciones a las autoridades locales que tienen responsabilidad en la prevención del reclutamiento y uso de menores de edad, y los impulsan a trabajar unidos para dar respuestas rápidas y oportunas a las problemáticas, desde su propia región, pero con un apoyo decidido desde lo nacional.

Se revisa el plan de acción territorial, el plan de prevención, la oferta institucional que tiene el municipio para atender a niños y jóvenes. Se hacen talleres con la comunidad sobre desminado humanitario y en los colegios se pone en marcha la campaña ‘Basta, aquí soy libre’ del Ministerio de Defensa.

Este, esperan ellos, será el inicio de un capítulo distinto en la historia de Miraflores, donde los niños no vayan a la guerra ni los utilicen para el crimen. Quieren que Miraflores sea conocido por su impresionante geografía, por sus bosques amazónicos, su gran río Vaupés, sus lagos y todas las tradiciones y costumbres de sus 15 resguardos indígenas, y que sean estos atributos los que lleven a sus habitantes a una prosperidad que permanezca.