Mi abuela sin derechos

Recientemente un tuitero escribió que si las mujeres queríamos igualdad deberíamos saber destapar las botellas y pagar la mitad de la cuenta. Qué simpleza ¡Qué simpleza! para ver un fenómeno histórico de cientos de años para obtener derechos sin olvidar la diferencia.

Señor tuitero, quiero recordarle historia, con la misma metodología que me dirigí a un grupo de estudiantes adolescentes en Marruecos para contarles como habíamos avanzado en Colombia sin obtener aun la igualdad en los distintos campos. En los pueblos y ciudades de allá como de acá, seguimos en un mundo retrógrado. Allá, la búsqueda de los derechos de las mujeres puede estar atravesada por la formación religiosa tan fundamentalista como la hemos vivido en Colombia. Las llamadas exigencias morales para las mujeres, el cuidado de su virginidad y algo menos trascendente si lo recordamos, era obligatorio el manto para las mujeres para entrar a la iglesia.

Mi abuela que nació con el siglo XX, tuvo tres hijas y tres hijos y una pareja o marido, con la irresponsabilidad de llegar a su casa a pedir lo que no ha llevado. Ella, “lavaba ropas ajenas” (no existía lavadora) y con ello mantenía a su prole. Encerrada en su casa, cuidando, limpiando, lavando, haciendo y haciendo sin tener derechos.

Y mientras mi abuela luchaba por sacar adelante a su familia igual que la mayoría, fuera de sus cuatro paredes, otras mujeres se ocupaban de trabajar, luchar, exigir los derechos de todas, los derechos de cada una, de sus mamás, de sus abuelas.

Mi abuela no tenía derecho a tener propiedades, ni asistir a la escuela o universidad en igualdad de condiciones que los hombres, no podía viajar sin permiso y menos fuera del país (si gozaba de buenas condiciones económicas), no podía participar en las decisiones del país, no podía continuar con el apellido de soltera (que era -y sigue siendo- el de su padre).

¿Por qué esta carencia de derechos? Las mujeres no tenían -y muchas siguen sin tener- derecho a decidir sobre su propio cuerpo, cuántos hijos tener, cuándo hacer el amor, cómo vestirse… Sin autonomía para tomar sus propias decisiones.

Pero fuera de casa, 1920, Betsabé Espinel dirigió la huelga en la Fábrica de Tejidos de Bello (Antioquia) ¿Qué lograron? Aumento del 40% del salario, regulación del sistema de multas, Jornada laboral de 10 horas y más tiempo para el almuerzo, permiso para ir calzadas a la fábrica y despido del “acosador” y dos administradores.

María Cano, participó en el III Congreso obrero como vicepresidenta y, en la fundación del Partido Socialista Revolucionario (1926). Estaba abriendo las puertas para la participación política de las mujeres.

Varios grupos de mujeres, logran que la Ley 28 de 1932 decrete “El régimen de capitulaciones matrimoniales”, dando la posibilidad para que las mujeres administraran sus bienes; el 10 de diciembre del año 1934 se presentó al Congreso de la República un proyecto de ley para que las mujeres pudieran ingresar a la universidad en igualdad de condiciones que los hombres. Fue entonces con la aprobada Ley 1972 que  Gerda Westendorp fuera admitida en 1935 a la carrera de medicina. Gabriela Peláez, ingresó un año después a estudiar derecho, convirtiéndose en la primera abogada en  Colombia.

Luego, Ofelia Uribe de Acosta, abogó por una reforma que permitiese cargos públicos para las mujeres. Así entre quienes tienen cercanía con el poder, como quienes sustentan la economía como escogedoras de café u obreras de la textilería y la confección unen esfuerzos para lograr derechos de igualdad.

A Colombia nos llegaban los ecos de los tambores de las mujeres en el mundo porque las sufragistas en Estados Unidos y países de Europa, conquistaban derecho al voto, referente para que se lograra en 1954 y fuese efectivo en 1957. Vinieron luego las primeras garantías laborales para las mujeres, la supresión de la obligatoriedad de la mujer casada de llevar el apellido de su esposo; después la Ley 2820 de 1974 conocida como el Estatuto de igualdad jurídica entre ambos sexos; la ratificación de Colombia en 1981 mediante Ley 051 de la Convención para la Eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (CEDAW).

Seguiríamos enunciando normas (Ley 1257…) que no se reflejan en un cambio cultural, que sabemos es lento pero mientras las necesidades van en jet, las transformaciones van en burro. Y con tanta lucha que finalmente se revierte en la sociedad y la construcción de la democracia, no sigamos reduciendo la búsqueda de los derechos de las mujeres a simplezas.