Pensando el posconflicto

Los paradisíacos rincones colombianos: la mirada de un extranjero

Un crecimiento desmesurado del ecoturismo impactará socialmente a las zonas antes aisladas por el conflicto. No son los inversores de la capital colombiana o del exterior quienes deben ser los beneficiarios del potencial recreativo, sino los habitantes de las mismas municipalidades.

Por: Tom Odebrecht @TomOdeb

En el más reciente diseño del pasaporte colombiano brillan todas las facetas de la vegetación y fauna nacional, con las diferentes regiones representadas en cada página podemos percibir el orgullo por la biodiversidad existente en el país, una de las más amplias recocida mundialmente. En la era del posconflicto se abre, de par en par, la puerta e ese mundo de potencial enorme para el turismo doméstico e internacional.

Paradójicamente, en Colombia el conflicto armado resultó en alrededor de un millón de hectáreas de tierra casi vírgenes. En Europa, no se encuentra  región no impactada fuertemente por el ser humano: el ecoturismo europeo te lleva como máximo a los extendidos bosques en el oeste de Polonia o a los profundos lagos de Finlandia. Entiendo bien que la actual Ministra de Comercio, Industria y Turismo de Colombia Maria C. Lacouture, busca "desarrollar turísticamente esos destinos del territorio nacional más afectados por el conflicto". Pero no es ninguna tarea trivial desarollarlo con medidas social y económicamente adecuadas y por supuesto sostenibles.

Yo personalmente no conozco el río de los cinco colores, fui a la Sierra Nevada de Santa Marta, destino obligado para muchos de los extranjeros que visitan el país...bueno para ser más exacto estuve en las estribaciones de la sierra nevada, en donde conocí las increíbles playas de la reserva Natural Parque Tayrona y en donde casualmente escuché los impactantes cuentos de un grupo de canadienses sobre su visita a la Ciudad Perdida. Todos esos lugares son únicos en el mundo, de valor turístico inmenso, pero durante décadas fueron percibidos como inalcanzables, no solo para el turismo internacional sino para muchos del territorio nacional.

Las anécdotas son, en su mayoría, siempre las mismas: Una maravilla los destinos, pero una pesadilla llegar. Tanto mis propios viajes por el país como los de mis amigos y contactos coinciden en lo difícil e incomodo de los paseos por tierra y ni hablar de los altos costos de transporte aéreo, aunque hace poco incorporaron el modelo de aerolíneas de bajo costo, al parecer los impuestos son tan altos que en vuelos de 50 minutos eres afortunado si encuentras trayectos a 100 mil pesos, si unimos ambos medios tenemos un gran obstáculo para conocer los recónditos lugares de este maravilloso territorio.

La Ruta del Sol, otra víctima de la constructora Odebrecht (compartimos apellido y ascendencia, no la actitud moral), está caracterizada mucho más por innumerables peajes, letreros de auto-felicitación y grandes trayectos sin terminar que por una rápida llegada a la costa. Y Viva Colombia, la primera aerolínea de bajos costos que opera en Colombia, sólo es un tímido inicio en cuanto al acceso popular a la movilidad aérea; su par europeo, Ryanair, impactó el mercado del viejo continente tan profundamente que no sólo reaccionaron los empresas tradicionales con extensas bajas de sus tarifas, sino también se expandió la red de posibles destinos. Para dinamizar el mercado aéreo y servirle mejor al viajero se necesitan mayor cantidad de rutas viables a precios más razonables.

No es el único desafío: Un crecimiento desmesurado del ecoturismo impactará socialmente a las zonas antes aisladas por el conflicto. No son los inversores de la capital colombiana o del exterior quienes deben ser los beneficiarios del potencial recreativo, sino los habitantes de las mismas municipalidades. Es clave, no solo empoderar a las comunidades, sino también integrar a los excombatientes unidos como "embajadores del turismo regional". Los exguerilleros disfrutan de conocimiento local especial, con cuentos alegres y duras experiencias para contarle al mochilero.

Una forma de turismo "auténtico" se puede generar en esas localidades, de la cual sigue creciendo la demanda mundial. Un día futuro, quizás sea posible brindar un turismo "histórico" también, como en Berlín donde hay tours de "la topografía del terror" del Tercer Reich y los búnkeres de la Guerra Fría. Eso serviría como memorial nacional y centros de enseñanza social simultáneamente. Decisivo es la autonomía fiscal de esas regiones más afectadas por el conflicto armando.

Hasta el día de hoy, del exterior me llegan preocupantes preguntas sobre la seguridad vacacional en Colombia, pero ceden lentamente. La imagen de este increíble país está cambiando, finalmente. Pero los cuentos del gobierno elogiando su industria turística no ayudan ni son suficientes si las experiencias reales de los que nos subimos a los buses en el Cesar, La Guajira o Chocó son otras.

Un país que siempre ha estado en la mira del resto del mundo por su conflicto interno y que hoy es visto, entre otras cosas, por su potencial turístico no es algo para tomar a la ligera, requiere mucho trabajo y compromiso, que las regiones que están construyendo su futuro en el posconflicto sean los primeros beneficiarios, social y económicamente, que esos 13 peajes entre Bogotá y Santa Marta finalmente ayuden a terminar la Ruta del Sol, que sin importar el medio de transporte se manejen precios justos y entre muchas otras cosas necesarias.

Que en poco tiempo los viajeros, tanto internos como externos, lleguen a cada región impresa en las páginas del pasaporte colombiano.