Los funcionarios de la Paz

La solidaridad, preocupación y colaboración de los colombianos frente a la tragedia de Mocoa, muestra que sí podemos tener propósitos comunes. Muestra que no importa de dónde vengamos o qué pensemos, podemos unirnos para solidarizarnos con las víctimas.

Por: Juana Acosta*

Frente a la tragedia de Mocoa el ciudadano común no se resigna ni piensa que su papel no es importante. Por el contrario, toma la iniciativa y se llena de fuerza y creatividad para apoyar a aquellos que están sufriendo. Se convence de que aportando poco o mucho, está ayudando a construir un país mejor.

Es una lástima que no sean esos mismos sentimientos y convicciones los que nos unen para pensar en el papel que tenemos en decisiones fundamentales que pueden cambiar el rumbo del país y que pueden evitar o generar otras tragedias. Debemos tomarnos con seriedad, por ejemplo, las próximas elecciones. Lastimosamente, el sentimiento que parece predominar en estos aspectos es uno de absoluta resignación: la mayoría de ciudadanos comunes pueden creer que su papel es irrelevante y que debemos resignarnos a votar por el “menor de los males”. Estos sentimientos de pesimismo se suman a una creencia generalizada de que los funcionarios públicos son naturalmente corruptos y que los políticos esconden solo intereses personales detrás de cada una de sus acciones.

Ante una Colombia que se está enfrentando a una transición hacia la paz, hacia esa Colombia que todos soñamos, esta resignación es absolutamente inaceptable. E independientemente de nuestras convicciones políticas ¿qué deberíamos buscar en nuestros candidatos? Y, más allá de los candidatos y de los políticos ¿qué perfiles de funcionarios públicos queremos que rijan los destinos del país en los próximos años? ¿Quiénes deberían ser nuestros funcionarios de la Paz?

Frente a estas preguntas viene inevitablemente a mi mente una petición que une a muchos ciudadanos en el mundo entero. En numerosas celebraciones religiosas las congregaciones elevan una petición muy importante: que se susciten propósitos de equidad y rectitud en nuestros gobernantes ¡Qué significativo es esto! Y a muchos les sorprendería encontrar que los gobiernos han contado y cuentan con muchos funcionarios que prestan un verdadero servicio al país, a través de un trabajo genuino, marcado por la excelencia y la transparencia y ante todo, humano.

Necesitamos más de esos funcionarios. Los funcionarios de la Paz deben ser personas que tengan propósitos rectos. Funcionarios incorruptibles. Funcionarios que estén convencidos de que su propósito es servir al Estado y no al revés: el Estado no debe servir a sus intereses personales. Y esto no debe guiar nuestros pensamientos, iniciativas y acciones únicamente frente al Gobierno. Se acercan las elecciones de magistrados de la Corte Constitucional y de la Jurisdicción Especial para la Paz ¿Qué iniciativas creativas vamos a tener los ciudadanos para asegurarnos que quienes lideran nuestras altas cortes tengan propósitos justos?

Seamos el país que soñamos y la Colombia que esperamos en el futuro. Las decisiones no dependen solo de los demás. Debemos apropiarnos del país. Si algo mostró la discusión sobre participación política en La Habana es que en Colombia hay un inmenso déficit de participación ciudadana. No porque no existan los mecanismos, sino porque no hemos logrado que estos sean efectivos. Evitemos la tragedia de condenarnos a vivir en un país con una paz ficticia. No nos digamos mentiras. No habrá paz mientras sea la corrupción la que caracterice a nuestros “líderes”. No habrá paz si nuestros gobernantes piensan en sí mismos antes que en el país. No habrá paz, en últimas, con indiferencia y resignación ¡Seamos todos los funcionarios de la Paz!

*Directora de Profesores e Investigación. Facultad de Derecho y Ciencias Políticas. Universidad de La Sabana.