La implementación del acuerdo de paz es irreversible

Lo más difícil en la terminación de un conflicto armado interno no es lograr unos acuerdos entre las partes en contienda es su puesta en marcha o implementación. Hoy, pese a todo, el proceso de paz con las Farc es una realidad.

Pese a la paciencia y persistencia necesarias, lo más difícil en la terminación de un conflicto armado interno no es lograr unos acuerdos entre las partes en contienda. Lo más difícil, por la fortaleza de la institucionalidad y la voluntad política requeridas, es su puesta en marcha o implementación. Así lo han mostrado múltiples experiencias internacionales.

Esta semana se cumplen 100 días de la firma del acuerdo para terminar el conflicto con las Farc en el teatro Colón y durante este tiempo la puesta en marcha de lo acordado ha tenido tropiezos, pero de todas maneras se ha avanzado en asuntos claves, hasta el punto de que hoy se puede afirmar que el proceso es irreversible.

A modo de balance observemos lo acontecido al respecto. En el Congreso, por el mecanismo del “fast track” avanza (con dificultades propias del debate democrático en un país político polarizado) la implementación jurídica de los acuerdos, traducido en leyes y reformas constitucionales como la aprobación de la Amnistía y la creación de la JEP. En cuanto a lo acodado en el punto de participación política, está comenzando su trámite el Estatuto de Oposición pero todavía no se inicia el debate de las Circunscripciones Territoriales Especiales para la Cámara de Representantes y están pendientes de debate y aprobación o no, las reformas que recomienda la Misión Especial Electoral.

A pesar de los retrasos en la adecuación de las Zonas Veredales de Transición, la concentración de los miembros de las Farc y el proceso de dejación de armas marcha dentro de los tiempos establecidos. Al día de hoy la delegación de la ONU ha registrado 8000 armas y recibido 1000 correspondientes a exguerrilleros que realizarán labores de pedagogía de la paz. Respecto al proceso de reincorporación de los miembros de las Farc a la vida civil, su arranque depende del censo socioeconómico acordado que hará la Universidad Nacional en las próximas semanas.

Sobre los programas de sustitución de cultivos ilícitos y de desarrollo alternativo, así como los programas de desarrollo rural con enfoque territorial, todo parece indicar que el tema está aún crudo salvo por unos documentos de compromiso con familias campesinas en los territorios para erradicación voluntaria de cultivos de coca. Esto aunque se han previsto algunas maniobras presupuestales y no está clara la disponibilidad de los recursos para los mismos, y los programas de desarrollo rural con enfoque territorial están hoy más en el papel que en ejecución.

Igual sucede con el desminado humanitario. Quizás la posesión del Genera (r) Óscar Naranjo como nuevo Vicepresidente de la República quien asumirá la dirección de estos programas, les dé una conducción adecuada a los mismos con una renovada voluntad política de cumplimiento.

Un factor muy importante es el apoyo de la sociedad a la implementación de los acuerdos. En una sociedad polarizada, como la colombiana, donde las dos cabezas más visibles de la crispación (el presidente Santos y el senador Uribe) tienen audiencia pero pierden fuerza política por el debilitamiento de su credibilidad, es fundamental continuar con la tarea de apoyo a los acuerdos desde los diferentes liderazgos de la sociedad civil. No se trata solo de hacer pedagogía sobre los aportes que le harán al bien común, sino también asuir actitudes de reconciliación. Si no, continuaremos en una situación similar a la que existía antes del plebiscito del año anterior, aunque con menos fuerza política de las cabezas más visibles del sí y del no debido al escándalo de Odebrecht.

De todas maneras y como se dijo al comienzo, hoy el proceso con las Farc es prácticamente irreversible debido no solamente pero sí principalmente a la concentración e identificación de los guerrilleros a desmovilizar, a la aprobación de la ley de Amnistía, al comienzo oficial de la dejación de las armas y a la aprobación de la reforma constitucional que le da vida jurídica a la Jurisdicción Especial para la Paz.

Si a lo anterior se suman los acuerdos del pasado fin de semana en Cartagena entre el Gobierno y las Farc, y las actitudes que han venido asumiendo los jefes de estas, la irreversibilidad es un hecho.

*Por: Carlos Alfonso Velásquez, Profesor Facultad de Comunicación Social