Amo la libertad, soy feminista

Las mujeres que llegan a cargos públicos tienen la posibilidad de ayudar a cambiar formas de actuar, sentir y pensar patriarcales si desde luego llegan con un aprendizaje sobre los derecho de las mujeres o tiene la disposición de hallar otras miradas para aportar en una sociedad por la igualdad en derechos. 

Hace varias días leí un twitter de la diputada Ángela Hernández que decía: “Ser mujer es ser libre, sin ser promiscua; ser fuerte sin ser tosca; ser esforzada sin ser autosuficiente” pero además agregaba #FemeninaSi, #FeministaNo. A ella solo tengo que decirle que una de las luchas del movimiento feminista es el de ser mujeres libres y, esa libertad lleva intrínseco el derecho a decidir sobre mi propio cuerpo, sobre mi sexualidad, pero claro, esa libertad está vinculada a los cambios que socialmente se den.

Digamos que son necesarios cambios subjetivos que nos llenan de necesidades, deseos, razones y urgencias  para entender y asumir que tenemos derecho a la libertad. Digamos también que son necesarios cambios objetivos en  la sociedad para que se cumpla esa libertad: leyes, políticas públicas, presupuesto y campañas que promuevan cambios en pro de la igualdad y que permitan ejercer esa libertad.

La diputada llegó a ese cargo, gracias a la lucha de esas feministas de las que quizá por desconocimiento reniega. ¿Sabrá ella desde cuándo las mujeres tienen derecho en Colombia a ser elegidas? No se lo voy a decir pero sí que el feminismo, que tiene diferentes tendencias, ha sido un movimiento político, filosófico, y de pensamiento con la esencia en la libertad y su acción en el humanismo. 

¿Qué es una mujer fuerte? ¿Qué es una mujer tosca? Por favor, que me lo expliquen con plastilina porque en medio de las guerras, ¿quiénes han sostenido a una Nación? ¿Quiénes han levantado a sus familias con padres ausentes? ¿Por qué las y los jóvenes de hoy ostentan o pueden reclamar derechos sexuales y reproductivos? ¿Por qué hoy las mujeres tenemos derechos? Las mujeres guerreras de la vida que han trabajado en el campo y la ciudad, no dejan de ser ellas por sus maneras de mover los brazos, de caminar, de hablar. La estética no es una, no es única, nuestras formas dependen de variadas posibilidades y afanes personales. Decía el filósofo liberal Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mis circunstancias”.

El estereotipo de mujer dulce, con recato, refinada…es una marca que nos han vendido desde sumisión hasta la banalidad sin darnos las herramientas para que yo, sea Yo, para que construya mi propia personalidad y escoja caminos, pero gracias a la lucha de millones de mujeres, de feministas, hoy hasta se puede ser diputada. Con limitaciones, sí, pero esas diputadas pueden trabajar en favor de los derechos de las mujeres con la certeza que tendrán el apoyo de quienes lo hacemos.
Desde luego que a nadie se le exige que se declare feminista, pero sí que respete la lucha de sus antecesoras y qué sabemos, que hasta de sus ancestras. Y me atrevo a decir que podemos ser femeninas con una nueva construcción de serlo, que no encasille, igual que muchos varones hoy se atreven a deconstruir sus viejas, androcéntricas y patriarcales masculinidades, con herramientas que han tomado del feminismo.

No podemos negar el aporte que el feminismo y grandes feministas han hecho a la transformación de la sociedad con una paciente pero continua revolución pacífica y que no por ello,  ha dejado de costar vidas por abogar por los derechos, y perderla por ejercer esos derechos.

En los países con gobiernos socialdemócratas, liberales y hasta conservadores no extremistas, buscan contribuir con avances o por lo menos con el cumplimiento de los que ya existen bien por convicción, o por ser políticamente correctos o porque les interesan votos. Lo cierto es que los derechos de las mujeres, esos que ha instalado el feminismo con cualquiera de sus tendencias, es hoy parte de las agendas públicas.

Valdría entonces la pena que todas, todos los que aspiran a cargos públicos, a la cámara, al congreso, a la presidencia,  vicepresidencia…reciban formación o por lo menos instrucción en el ABC de género, derechos de las mujeres y génesis para llegar hasta lo consignado hoy en la normativa nacional e internacional.