En el Estado colombiano hay mucha negación sobre los paramilitares

Eso cree Daniel Kovalik, abogado en derechos humanos y profesor de la Universidad de Pittsburg, quien vino a Colombia junto con el congresista demócrata Hank Johnson para hablar sobre las desapariciones forzadas y la implementación del capítulo interétnico del acuerdo de paz. Cree que las desapariciones forzadas no se podrán acabar si no se acaba el paramilitarismo. 

entrevista_kovalik_cut.jpg

Daniel Kovalik, profesor de derechos humanos de la Universidad de Pittsburg, de visita Colombia. /Óscar Pérez

Daniel Kovalik llegó a Colombia por primera vez en 1999, cuando todavía seguían abiertas las heridas que dejó la operación Cóndor. Esta estrategia militar del Ejército estadounidense, implementada en la década de los 70, es recordada por muchos como la corresponsable de miles de casos de vigilancia, detención, interrogatorios, torturas y desapariciones forzadas en Chile, Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, Bolivia, Perú, Colombia, Venezuela y Ecuador.

El abogado en derechos humanos y profesor de la Universidad de Pittsburg recuerda bien cómo, en el 2003 y con la implementación del Plan Patriota, las estrategias militares en Colombia se unieron a la financiación estadounidense para combatir a las Farc y desarticular sus milicias urbanas. La guerra se fue desdibujando hasta tal punto que ir a un cine foro en la Nacional era peligroso y podía terminar en horas de interrogatorios y hasta la desaparición. Kovalik hace un enlace directo entre estas dos estrategias y la creación de los grupos paramilitares, responsables del 45% de las desapariciones forzadas, según el Centro Nacional de Memoria Histórica.

Este estadounidense volvió a Colombia  en marzo de 2016 para participar en un conversatorio sobre la desaparición forzada y acompañar la visita del congresista estadounidense Hank Johnson, del partido Demócrata, para apoyar la comisión interétnica y buscar soluciones parar los asesinatos de líderes en las regiones y crear mecanismos de veeduría para que el Gobierno implemente estos compromisos interétnicos que están el acuerdo de La Habana.

¿Cuáles son los retos que enfrenta Colombia para cumplir lo que estipula el Acuerdo de La Habana sobre la búsqueda de desaparecidos?

Son tres: primero se debe concientizar a la ciudadanía del problema para que se conviertan en sujetos activos de la recolección de datos y la reconstrucción de la memoria histórica. Eso lleva al segundo, se debe crear memoriales apropiados para cumplir con la promesa hacia las víctimas, pero también para eliminar la idea de que los métodos de lucha ilegales y paralelos al Estado son legítimos. Luego hay que conseguir financiación para la inmensa labor técnica de encontrar e identificar a los desaparecidos.

¿Cree que la una Comisión de Búsqueda de los desaparecidos que creó el Acuerdo tiene todos los elementos para ser exitosa?

Es un buen inicio, pero hablando con las víctimas me he dado cuenta que el mayor problema es la falta de recursos. Esto a su vez responde a un desinterés histórico en el problema. En eso la comunidad internacional tiene una gran responsabilidad, especialmente países como Estados Unidos y Gran Bretaña. También hay que diseñar una estrategia eficaz de recolección de información. He escuchado ideas que pretenden usar programas de radio o espacios en periódicos para que la gente aporte información sobre los diferentes casos de desaparición.

¿Por qué dice que Estados Unidos y Gran Bretaña tiene una responsabilidad para financiar la búsqueda de desaparecidos en Colombia?

Porque esos dos países tuvieron mucha injerencia en la guerra colombiana. Los Estados Unidos, por ejemplo, crearon las milicias que luego se convirtieron en los paramilitares. Fue su idea hace décadas para combatir las guerrillas de América Latina. Hace un par de años, por ejemplo, el Washington Post hizo una historia sobre como la CIA ayudó al Gobierno colombiano localizar y encontrar a las Farc y esa misma historia tenía una frase que me llamó mucho la atención: que la CIA, aunque se encontró grupos paramilitares, nunca los atacó ¿Por qué? Porque los paramilitares protegían compañías estadounidenses. Eso incrementaba la capacidad de Estados Unidos de explotar recursos en Colombia.

 

 

Según cifras del Centro Nacional de Memoria Histórica, los paramilitares son responsables de más del 45 % de las desapariciones forzadas, a las guerrillas el 20% ¿Cómo explicar esta diferencia?

Eso pasó porque la guerra del Ejército y los paramilitares terminó siendo contra el sector social. Después de un tiempo se desdibujó tanto que se enfocó en líderes sindicales, campesinos e indígenas. La táctica de desapariciones, de hecho, fue una táctica derivada de la operación Cóndor, aplicada entre 1970 y 1980, otra vez producto de la incursión estadounidenses en los países de Sur América. Si la política de Estados Unidos en Latinoamérica ha traído todos estos problemas, entonces es hora de cambiar esa política y Estados Unidos tiene una responsabilidad directa en ayudar a reparar a las víctimas.

¿Ve eso posible con el Gobierno actual de los Estados Unidos?

Será muy difícil, pero todo es posible. La clave es educar al Estado, educar al Congreso de mi país. Que ellos vean lo que sucedió y lo que está pasando ahora. Esa educación también debe darse en el Congreso colombiano. Pero además la gente en Colombia se debe enterar para que exija mejores decisiones de sus líderes.

Hoy vemos fuertes incursiones paramilitares en el Chocó y Valle del Cauca ¿Cómo solucionar de raíz ese problema?

Esa es la pregunta central que todos nos estamos haciendo. Así como el problema con las desapariciones, creo que hay mucha negación sobre los paramilitares. De hecho, hace un año el embajador colombiano negó que hubiera paramilitares y lo mismo el Gobierno. Entonces lo primero es reconocer el problema y entender que están incrementando su actividad. El Gobierno debe perseguir a esas personas penal y militarmente. Pero lo más importante es que la Fuerza Pública deben reconocer que han sido parte del problema hacer una investigación profunda al interior de sus filas para encontrar a los que están trabajando con los paramilitares y apartarlos de sus cargos. Nosotros como estadounidenses debemos presionar a nuestro Gobierno para que pare de financiar el Ejército colombiano hasta que pueda probar que ha erradicado todos sus vínculos con paramilitares.

¿Los ejercicios de memoria de la Fuerza Pública deben pasar por un `mea culpa´?

Todas las personas con las que he hablado no confían en el Estado porque ha estado fuertemente vinculado con los paramilitares. El Estado en general debe mirarse al espejo para entender qué políticas de Estado están proveyendo los incentivos para el paramilitarismo y qué funcionarios están participando en estos grupos armados. Si no se hace esto el problema va a seguir y las listas de desaparecidos se seguirán engrosando.