"A 8.000 kilómetros de distancia no puede haber lobby político": Álvaro Gil

Para este miembro del Comité de Escogencia a cargo de seleccionar quiénes integrarán el sistema de Justicia para la Paz ser extranjero es una de las garantías que blinda la transparencia de este proceso. Entrevista.

El Comité de Escogencia hizo ayer público cómo seleccionará a los 51 magistrados colombianos que integrarán la Jurisdicción Especial de Paz, al director de la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas y al director de la Unidad de Investigación y Acusación. El proceso tomará todo el año, pero quienes quieran integrar este sistema de justicia transicional o velar por la transparencia de este proceso de convocatoria pública y de méritos podrán hacerlo a partir del 24 de julio, cuando se abren las inscripciones. (Vea: "Las fechas claves del sistema integral de Justicia para la Paz")

El Comité de Escogencia, el órgano encargado por el Acuerdo de Paz entre el Gobierno y las Farc para esta titánica tarea, está a cargo de tres extranjeros y dos colombianos que han dado muy pocas declaraciones a la prensa. Colombia 2020 habló con uno de ellos sobre este mecanismo nuevo, que como tal genera preguntas, inquietudes y dudas. Álvaro Gil Robles, de 72 años, es el candidato del Tribunal Europeo de Derechos Humanos y fue comisario de derechos humanos del Consejo de Europa.

Su nombre es desconocido en el país. ¿Cómo se describe?

Nací en el exilio por causa de la guerra civil. En Portugal, porque mi padre fue ministro de Guerra y Defensa en la época de la República. Toda la vida he sido profesor universitario. Después tuve la suerte de hacer el proyecto de Ley del Defensor del Pueblo en España. Luego tuve la oportunidad de ser el propio defensor del Pueblo. Terminado ese período fui elegido por la Asamblea Parlamentaria como comisario europeo de derechos humanos del Consejo de Europa. Ahí estuve seis años. Después de 30 años de trabajar con la patología de los derechos humanos decidí parar.

¿Cómo terminó siendo parte del Comité de Escogencia?

Siempre seguí en contacto con los “viejos rockeros” del Consejo de Europa porque siempre me llaman para actos y reuniones. Un día recibí una llamada de Guido Raimondi, presidente del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, quien me comunicó que tenían la posibilidad de designar a alguien para el Comité de Escogencia. Me dijo que pensaban que yo era el más adecuado por mi trayectoria en temas de derechos humanos y me preguntó si aceptaba. Yo le respondí: “Guido, es una propuesta a la que no me puedo negar, así esté jubilado y apartado”.

¿Por qué no la podía rechazar?

Porque creo en la importancia de que un pueblo entre en un proceso tan importante de buscar la paz y cerrar heridas. Cuando le dicen a uno que si puede ayudar a este proceso, aunque sea con un granito de arena, hay que hacerlo. Hay que cerrar 50 años de guerra.

El Comité de Escogencia marcará el futuro del proceso de paz porque elegirá a las personas encargadas de administrar justicia. ¿Qué es lo más importante que se debe tener en cuenta?

Se han presentado dos hechos muy importantes del Acuerdo de Paz. El primero es la entrega de armas, que no se ha valorado suficientemente. Pero desde afuera muchos lo hemos visto con mucha importancia, especialmente en Europa. ¡Entregar las armas no es algo normal! Es un éxito para las dos partes en pro de la paz y el país. La segunda parte es poner en marcha la justicia transicional, que es una justicia excepcional. No hay que olvidar que es temporal y no es antijusticia ordinaria. Por eso vamos a intentar seleccionar a las personas con la mejor cualificación y preparación.

Es un comité inédito, con tres extranjeros y dos colombianos. ¿Cuál es su valor agregado?

La composición quedó prevista en el Acuerdo de Paz. Creo que la idea es transmitir que es un proceso transparente a escala mundial, que no se hace de forma oculta entre colombianos. Además, que da las garantías al pueblo colombiano y a la comunidad internacional de que se hará con un taquígrafo, con igualdad y objetividad. Por eso hay tres personas del ámbito internacional vinculadas al tema de derechos humanos, sensibles a este proceso y que no están involucradas en nada de la política interior de Colombia. Esa es la gran garantía.

¿Cómo explicar la elección de Claudia Vaca, una científica que nada tiene que ver con temas de derecho?

Para luchar por los derechos humanos no hace falta ser doctor en derecho. Hay que ser simplemente un ciudadano con conocimiento de los derechos fundamentales, de la dignidad de las personas y las libertades públicas. Claudia es un ejemplo, y para mí ha sido un descubrimiento por su capacidad de trabajo, entrega y combate por sus ideas de democracia y defensa de los derechos humanos. Yo no he encontrado esa sensibilidad a lo largo de mi vida profesional en muchos doctores de derecho.

Hay críticas alrededor de las personas que conforman el Comité de Escogencia. De usted dijeron que era partidario de Eta por participar en el proceso de construcción de memoria del País Vasco. ¿Qué responde a eso?

(Risas) A mí me hubiera gustado que Eta supiera eso antes, porque me han hecho vivir con escolta muchísimos años para que no me mataran. Lo intentaron. Pero yo no entro en conflicto con las críticas personales. He sido comisario europeo de derechos humanos y he luchado con 47 países y gobiernos. Lo importante es que usted sepa hacer su trabajo, sea independiente y sepa decir las cosas que no hay que callar. No para hacer daño, sino para buscar una solución. No estamos para añadir más dolor, sufrimiento y partidismo. Me suena a broma pesada lo que dicen. Sí participé en un informe que hizo una comisión del País Vasco, que se llama Saliendo del olvido, sobre la violación de derechos humanos entre los años 1960 y 1978, el período más negro de la dictadura.

¿Cómo fue esa experiencia?

Ha sido importantísima porque las víctimas que no habían hablado en 50 años fueron hasta la comisión a contarnos lo que les había pasado. Nunca lo habían hecho por miedo, por vergüenza. Se ha abierto una herida, ha salido todo el pus y hoy se ha aceptado en toda España y el País Vasco que es un informe objetivo.

¿Algo similar a lo que sucederá con la Comisión de la Verdad?

Sí, contar las cosas como han sido. Que quienes han tenido un dolor de tantos años en silencio lo puedan contar, porque muchas veces tan sólo el hecho de contarlo ya es una satisfacción moral. Decir que le mataron a su padre o hermano es importante. Luego de estar tantos años en silencio es importante decirlo para que me reconozcan como víctima de esa barbarie.

¿Qué características deben tener los magistrados que van a estructurar las normas procesales de este sistema de justicia transicional sin transgredir la jurisdicción ordinaria?

Son normas procesales para el funcionamiento exclusivo de este tribunal. No puedo adelantarme a qué van a hacer porque no es nuestra función. Pero supongo que, como cualquier norma procesal en un Estado de derecho avanzado, van a tener todas las garantías del sistema ordinario. Probablemente será más ágil y más rápido. Las personas van a tener una gran responsabilidad y buscaremos a los que tengan la mejor formación. Creo que van a tener la ayuda de toda la justicia ordinaria, Gobierno y universidades para hacer las mejores normas. No van a estar solos. Tenemos que meternos en la cabeza que este es un proceso de todos y todos deben ayudar.

¿Cuáles son los criterios de selección de los magistrados de la Jurisdicción Especial de Paz (JEP)?

Primero, que sean personas con una hoja de vida transparente y no estén implicados en ninguno de los excesos o violaciones de derechos humanos que han ocurrido en estos años. Es decir, que sean impecables. Segundo, lógicamente, que para ser magistrado tengan una experiencia profesional importante, como, por ejemplo, un abogado ejerciente durante muchos años, magistrado, fiscal, o profesores universitarios que sepan realmente qué van a hacer. No sé quién se vaya a presentar y las condiciones ya son de público conocimiento. Es importante hacer un trabajo de difusión para que la gente que crea que tenga que aportar algo al proceso no se quede en casa.

Se ha mencionado que hay tres criterios fundamentales: experiencia en derechos humanos, trayectoria en la justicia y publicaciones académicas. ¿Por qué son el pilar de este proceso de selección?

La hoja de vida académica tiene importancia por una razón lógica, pues para ser juez se requiere cierta formación jurídica y humanista. Además, la experiencia es importante porque deben sentarse a tomar decisiones inmediatamente y quien no sepa cómo funciona un tribunal complicará el funcionamiento de la institución. El trabajo para elegir a las personas más preparadas y adecuadas es arduo. Por eso vamos a ir hasta las regiones también, para que nadie se quede en casa y puedan aportar.

¿Cómo lograr que todas las experiencias en justicia, como la penal militar, se vean reflejadas en la JEP?

Me pide mucho ahora mismo. Vamos a ver quién se presenta y no puedo adelantarme. Habrá que ver una a una las hojas de vida y las propuestas. Así encontraremos a los mejores. Y no nos importan otras condiciones. Ni su posición ni de dónde provengan, siempre y cuando tengan su hoja de vida transparente. No se le puede cerrar la puerta a una persona que venga de la justicia de las Fuerzas Armadas.

¿Por qué es tan importante la opinión de la ciudadanía?

Primero, es una sana tradición democrática en Colombia que la ciudadanía pueda opinar. Segundo, porque las hojas de vida muchas veces se pueden manipular. Se introducen o callan elementos que, sin embargo, los ciudadanos conocen y pueden advertirlos al comité. Como, por ejemplo, una persona implicada en actividades que no ha puesto en su hoja de vida. Ese aporte ciudadano, siempre y cuando no sea con la intención de hacer daño de forma anónima, es un elemento de valoración muy importante.

La comunidad internacional ha manifestado que el proceso en Colombia puede ser el ejemplo de que la paz y la justicia sí pueden ir juntos. ¿Qué opina?

Sin ninguna duda. Ustedes los colombianos, que están bien involucrados en la agitada vida política del país, no se dan cuenta de la trascendencia de este proceso. Y el ejemplo para otros países es que esto se haga bien. No solamente es la paz por la paz, sino la paz y la justicia. Es poder pasar la página con el convencimiento de que no se ha dejado nada en el tintero frente a temas de justicia, reconocimiento de la verdad y de las víctimas. Eso es el futuro de un país en paz.

¿Cómo evitar que el “lobby” político afecte el proceso de selección?

Cuando estamos a 8.000 kilómetros de Colombia, el lobby no llega. (Risas) Qué quiere que le diga, es muy sencillo.

Los magistrados elegidos serán el corazón del Acuerdo de Paz y quienes permitirán que sea un proceso exitoso. ¿Cuál es el llamado a quienes se postulen?

Mi llamado es a que se presenten todos aquellos que se consideren capacitados. No que busquen simplemente un puesto de trabajo, sino que piensen en la responsabilidad que van a asumir de cara a su país y la comunidad internacional. Y que trabajen lo mejor posible. También hago un llamado al pueblo colombiano a que tenga confianza en el proceso, que es muy importante para la paz, el futuro y las nuevas generaciones.