Le darán más de $3.000 millones a Juan M. Santos

¿Qué le deja un Nobel de Paz a la economía?

Sin duda se convierte en un respiro para un país dividido por la votación del pasado domingo. El reconocimiento ofrece confianza a los mercados, tranquilidad a los inversionistas que han puesto recursos para el posconflicto y aclara el camino para debatir la reforma tributaria que se viene la otra semana. No es lo mismo hablar con un presidente que con un nobel, dicen analistas.

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Los mercados necesitan confianza para responder mejor al futuro de Colombia. Eso se ganó.
Bloomberg

Un tanque de oxígeno. Una palmada en la espalda. Un bálsamo en medio de un escenario político herido por una votación que ni los mismos ganadores se esperaban. Se trata de un reconocimiento internacional a un proceso de paz que necesitó algo más de cuatro años y que, en el fondo, tiene tanto de económico como de político. Se trata, nada más ni nada menos, que de un voto de confianza, esa que estaba a la sombra de la incertidumbre. Y, cuando de números se habla, eso es muy importante.

Así lo sienten los analistas económicos y financieros que pudieron leer, entre líneas, el que el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, ganara el Nobel de Paz 2016, un reconocimiento que, como dijo la organización, se lleva “la persona que haya trabajado más o mejor en favor de la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos existentes y la celebración y promoción de procesos de paz”.

Pero, más allá de la euforia por la noticia, ¿qué le deja en términos concretos a la economía del país? “El día que más se sufrió en dólar y los TES fue el lunes y martes después de la votación del plebiscito. Fue un efecto negativo sobre Colombia. Pero cuando se dio el anuncio el martes de que se iban a reunir Santos y Uribe, hubo un cambio. El mismo dólar el miércoles estaba a $2.975 a las 11 de la mañana. Y cuando salió Pastrana y entró Uribe a la Casa de Nariño, pasó a $2.940. Eso es normal cuando habla Obama o S&P. Ahí se notó el efecto político sobre el económico”, cuenta Camilo Silva, socio fundador de Valora Inversiones.

Eso quiere decir que “ganó valor el peso, y eso demuestra que hay confianza. Llegó jueves con petróleo fuerte, un mercado internacional estable, y comenzamos el viernes con una reacción positiva al anuncio del Nobel de Paz. ¿Por qué? Porque se calma el panorama para presentar la reforma tributaria estructural. Todos estamos atentos, y no es lo mismo sentarse a hablar con un presidente derrotado que hacerlo con un nobel de paz”.

Ya el presidente puede hablar de lo que llevará esa reforma sin tanta presión encima, que sea evidentemente estructural y que ofrezca el recaudo que esperan las calificadoras. “De lo contrario nos bajan la calificación el otro año y se pierde el grado de inversión. Eso sería lo peor para Colombia. Veríamos el dólar a $4.000 y una inflación por encima del 8 %, y se iría la inversión”, apunta Silva. “Por eso el mercado está pendiente de que el Gobierno tenga el poder político para sacar la reforma adelante”.

El reconocimiento, entonces, respalda el proceso de paz y hace que desde la comunidad internacional se le ponga un ojo aún más crítico a lo que venga en Colombia. Eso a corto y largo plazo, pues Colombia seguirá ajustándose fiscalmente en lo que queda de 2016 y en 2017, esperando que la tributaria estructural impacte la inflación, y teniendo en cuenta además que el Emisor no tiene planes de bajar las tasas.

Diego Guevara, profesor de la Universidad de la Sabana y experto en macro y microeconomía, cree que “en medio de la tormenta de la incertidumbre, el Nobel es un mensaje que da señal de tranquilidad temporal. Es un respaldo que da optimismo para la economía a pesar de la desaceleración. Es como una luz en medio de la tormenta. Es un buen símbolo”.

Haciendo cuentas, el símbolo, como lo llama Guevara, sí que sirve de bálsamo desde Noruega para todos aquellos que han anunciado la entrega de recursos para el posconflicto. Alejandro Gamboa, director de la Agencia Presidencial para la Cooperación, había dicho, en una entrevista en Colombia 2020 de El Espectador, que la meta es “conseguir US$3.300 millones de aquí al año 2020 en recursos de cooperación no reembolsable”. Por eso Guevara advierte que “sí hay algo claro, y es que los multilaterales han hecho promesas de la financiación del posconflicto, y esto (el Premio Nobel) motiva a toda la comunidad internacional para segur aportando recursos”.

El presidente del Consejo Gremial Nacional, Santiago Montenegro Trujillo, aunque no habló directamente del impacto que el Nobel le trae a la economía del país, fue claro en que “el Comité entendió muy bien que todos los colombianos tenemos un deseo de paz y que hay una verdadera voluntad de llegar a acuerdos sobre los grandes intereses nacionales”. Julián Domínguez, presidente de Confecámaras, también fue contundente: “El Nobel es un mensaje del mundo, de que está atento y apoya que Colombia consiga la paz”. Y apuntó: “Ahora que se lo ganó, creemos que tiene un gran respaldo político para pasar este proyecto de ley como se debe: apuntándole a generar la competivividad y sostenibilidad a largo plazo,  y no sólo de algunos años”.

Al final, el mejor rédito que deja este premio para el país es, como lo dijo el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, desde Washington, que “nos llena de fe y de confianza en el éxito de la paz de Colombia, que es el éxito de todos los colombianos”.